La Pila

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Mañana es mi cumpleaños.

¡Ja! Si alguien cree que lo digo con una sonrisa en los labios, está totalmente equivocado. Me repatea los hígados.

Cuando llegué a esa edad en la que una mujer deja de ser ……añera, para pasar a ser ……ona, al comentarle a una amiga mi profunda desazón, intentando consolarme, me dijo: “Lo sé, es como si empezara la cara B del disco” ¡¡¡¡………!!!!!! ¿Quién quiere enemigos cuando se tienen amigos así? La hubiera retorcido el pescuezo en ese mismo momento.

Es francamente decepcionante. En el interior de mi cabeza lo es. ¿Cómo puede no serlo si me siento infinitamente más joven por dentro, de lo que mi carnet de identidad deja al descubierto? Veamos, ¿Qué pensaría cualquiera de alguien que baja las cuestas brincando ante la vergüenza de sus hijos, o que da volteretas en las camas de los hoteles por miedo a que un día se le pueda olvidar cómo se hacía? De acuerdo, lo sé. Que tiene 10 años, o que está definitivamente majareta.

Y para añadirle leña al fuego, el cuerpo no responde igual. Siempre me he vanagloriado de mi vista de lince, aguda, clara, de ojos como catalejos (no por lo saltones, sino por la larga distancia a la que era capaz de leer). Era, era… Hace un tiempo noté que necesitaba mover hacia delante y hacia atrás los libros para enfocar como es debido y comenzar la lectura. Vista cansada dice el oftalmólogo. La pila, dice mi querida tía.

Sonia, eso es la pila.

¿Cómo que la pila, tía? ¿Te refieres a la falta de energía?

No, corazón. A la PILA de años que tienes encima…

Bomba de chocolate. No para celebrar que mañana tengo uno más, sino para ahogar las penas en este poderoso manjar.

(Por cierto, más abajo hay un regalo para el que lo quiera)

BOMBA DE CHOCOLATE

Sencilla dónde las haya, esta receta sólo tiene un secreto, procurar que el film transparente con el que recubriremos el bol o boles de cristal quede lo más liso posible.

Ingredientes:

Para un bol grande , o 5 pequeños:

300 gr de chocolate negro

90 gr de mantequilla

3 yemas de huevo

40 gr de azúcar glas

350 ml de nata líquida con un 30% mínimo de materia grasa

1.- En el microondas, y poco a poco, fundimos el chocolate cortado en pedazos junto con la mantequilla. Con cuidado de que no se queme.

2.- Añadimos el azúcar glas a las yemas, y las batimos hasta que la mezcla resulte de color claro.

3.- Una vez que el chocolate se ha enfriado, añadimos la mezcla de yemas y azúcar y batimos bien.

4.- Echamos la nata en la mezcla resultante, y mezclamos con cuidado hasta que incorporarla.

5.- Recubrimos por dentro un bol grande, o boles pequeños de vidrio con film transparente. Lo alisamos lo mejor posible, para que no queden arrugas. Vertemos la crema obtenida y dejamos que se enfríe completamente en el frigorífico, al menos durante 4 horas.

6.- Sacamos del frigorífico, volcamos la bomba sobre un plato o platos individuales, retiramos el film transparente y espolvoreamos con cacao amargo.

Imprimir receta:  Bomba de chocolate

Y ahora el regalo para todo el que pase por aquí, y no me recuerde lo del cumpleaños. La próxima hoja del calendario. Febrero.

Al mes que viene, la de marzo.

Se puede imprimir pinchando aquí.

“Creí que era una aventura, y en realidad era la vida” J. Conrad.

AIG 09

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No sé qué hora es en Panamá (¿Estoy en Panamá, verdad?) no sé que hora es en España. ¡¡¡Por no saber, no sé ni dónde he dejado mi reloj!!! Lo que sí sé con claridad meridiana, es que es la hora de ir a trabajar. ¡Mecachis en mi suerte!

Ducha, maquillaje, uniforme. Todo listo. ¡Al avión! Bandejas, bebidas, horas, horas, horas, más bandejas, más bebidas, más horas, horas, horas de vuelo. Todo OK. Aterrizamos.

Llego a casa. ¿Por qué las maletas siempre pesan más a la vuelta que a la ida? Necesito ducha y cama a partes iguales. Cuando llego de volar, mis hijos siempre me dicen que huelo a avión ¡Por Dios! Prefiero no preguntar a qué huele el avión, prefiero seguir en una bendita ignorancia…

¡Pero…! ¿Qué es eso que ven mis ojos? ¿Una caja de cartón? ¿Un paquete? ¿Para MIIIIIIIII????!!!!!!! ¿Un regalo? ¿De mi amiga invisible, que ya no lo será más…????Gracias Vicky, millones de gracias. Todavía no he abierto el paquete, pero ya me has hecho feliz. Muy, muy feliz.

¿Puede un acontecimiento determinado convertirse en un clásico navideño con tan sólo dos años de vida? Para mí si, así que gracias a Ana, por encargarse este año de que se perpetúe esta fantástica costumbre.

Abro mi caja, deshago con furia los paquetes que vienen dentro y como una niña pequeña en el día de reyes sonrío con cara bobalicona al ver toooooOOOOoooodos mis regalos:

Un libro de cocina… “Comida Sana” de la Dra. Rosselló. Oro en paño.

Un aro para hacer tartas. De diámetro regulable. ¡Pero Vicky! ¿Me has estado leyendo el pensamiento o qué?

Un molde con forma de campana para estas Navidades. Te llamaré Vicky la Bruja…

Un paquete de arròs de Sueca. ¡Es perfecto! Me voy a atrever con un buen arroz con mariscos estas fiestas, y por supuesto, me acordaré de ti.

Un paquete de palitos con azúcar cristalizado. Este lo reservo para las fiestas también. Para quedar como una reina. Eso sí, no debo olvidar adjuntarle el cartel de “Prohibido usar, bajo pena de retiro de paga”

¡¡¡¡Una buñolera!!!! ¡Lo que me ha podido gustar mi buñolera! Creo que esta noche me voy a meter en la cama con ella para dormir las dos abrazaditas…

Las mejores recetas de postres navideños que se puedan encontrar. Te prometo hacer el flan de turrón de Jijona adornado con nido de caramelo. ¡Gracias!

Y lo mejor de todo, mi regalo más preciado, mi tesoro: la carta de Vicky. Cariñosa, buena, sincera, encantadora.. ¡Con su foto y todo! Vicky, lo intentaré. Un día de estos, al recibir una llamada, puede que sea yo…

Una vez más:

Gracias a Ana,

Gracias a www.velocidadcuchara.com

Gracias a Vicky, siempre…

“No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo, salvo el de hacer uno nuevo”

Rudyard Kipling

Querida amiga invisible mía propia, no desesperes, estoy terminando de reunir tus regalos…

Una ardilla de Alalpardo se cuela en el blog

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El otoño es una de mis cuatro estaciones favoritas. Tenía pensado un precioso texto sobre el otoño. Unas bonitas y románticas palabras, unas inspiradas frases sobre sus colores, su luz y su personalidad…

Pero se me ha colado una intrusa en el blog, así que he optado por dejar hablar a las imágenes que dicen que valen más que cienes y cienes de palabras…

Pincha aquí si quieres oir el testimonio de una ardilla alalpardeña, aunque yo no le haría ni caso, los de este pueblo estamos todos locos.

Sólo una pequeña broma, para darle vidilla al blog, que con tanto azúcar me estaba empezando a empalagar.

La fougasse es un pan especial. Es sencillo de realizar, delicioso: crujiente y tierno, creativo y sobre todo muy, muy bello. Los comensales quedan impresionados cuando ven una fougasse, sin saber lo fácil que ha sido realizarla.

FOUGASSE

Se pueden utilizar diferentes masas de pan. A mí me gusta la masa de aceite de Richard Bertinet para esta receta. En el tiempo de levado he incluido alguna variación.

Ingredientes:

500 gr de harina de fuerza

20 gr de sémola gruesa

15 gr de levadura fresca

1 cucharadita de sal

50 gr de aceite de oliva virgen extra afrutado

320 ml de agua

harina de maíz (para espolvorear sobre la fougasse antes de hornear)

1.- En una ensaladera grande colocamos la harina de fuerza, la sémola (que dará una textura más crujiente a la fougasse en su interior), y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con la harina y la sémola. Añadimos la sal y mezclamos con las manos. Precalentamos el horno a 250 grados centígrados.

2.- Con amasadora:

a.- Añadimos el agua y el aceite, y comenzamos a mezclar bien con la amasadora. Amasamos durante 4 o 5 minutos, hasta que quede una masa bien formada y elástica.

b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y terminamos de amasar con las manos. Formamos una bola con la masa y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

2.- Amasado a mano:

a.- Mezclaremos bien el agua y el aceite con la harina y la sémola, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y la amasamos de tal manera que vayamos incorporando aire. Metemos las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y la dejamos caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.

b.- Una vez que la masa esté firme y manejable, formaremos una bola con ella y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.- Pasado el tiempo de reposo, volcamos la masa sobre la superficie de trabajo y la desgasificamos apretándola con los puños, y le damos a la masa forma de disco plano. Una vez hecho esto la trasladamos a una placa cubierta con papel de horno.

4.- Con una paleta de plástico duro, o con un cuchillo bien afilado, realizamos unos cortes en la masa asegurándonos de llegar hasta la superficie de trabajo. En este caso yo he realizado unos cortes en forma de estrella, pero podemos utilizar otro diseño. Eso sí, más valen pocos cortes y claros, que un complicado dibujo que se pierda cuando leve el pan.

5.- Con las manos abrimos los cortes para que se ensanchen. Dejamos levar la masa durante 30 minutos. Una vez terminado el levado espolvoreamos con harina de maíz, de un bonito color amarillo.

6.- Bajamos la temperatura del horno a 220 grados. Vaporizamos el interior del horno con agua para que se forme una corteza crujiente y metemos inmediatamente la placa con la fougasse dentro. Dejamos que se hornee de 12 a 14 minutos, hasta que adquiera un bonito tono dorado.

Imprimir la receta: Fougasse

Ya sé hacer fondant. O casi…

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Heme aquí.

De nuevo.

Sola frente a montones de azúcar glas y nubes de colores.

Mi hijo pequeño se declara en huelga (cual azafata de compañía aérea) y se niega a separar más nubecitas en dos montones. Alega que cada vez le planto más nubecitas delante, que no le dejo comerse ni un mísero cachito, y que encima su paga mensual de 2 euros lleva congelada más de cuatro años. Se me rebela el personal.

Echo de menos esa salivilla que dejaba al chuparse los deditos, pero debo reponerme y busco inmediatamente una solución: nubecitas exclusivamente blancas. ¿Dónde encontrarlas? Aquí, aquí y aquí.

A continuación me dispongo a relatar el método por el cual yo (y eso quiere decir que no es el único, ni posiblemente el mejor, ni probablemente el más adecuado) humilde aprendiz de fondantera (que me suena a algo muy redondo, que es como me voy a poner a este paso con tanto chute de azúcar) consigo (¡alabado sea el cielo!) un resultado bastante bueno y aceptable preparando fondant de nubes para la decoración repostera.

Mi familia, con ojos desorbitados y echándose las manos a la cabeza exclama: ¡Por Dios! ¿Otra vez vamos a comer tartas de flores? Pues sí, y al huelguista, doble ración.

Las fotos que aquí aparecen corresponden a una tarta de limón, la cual decoré con flores blancas y amarillas. La acidez del limón contrarrestaba perfectamente el dulzor del fondant. La segunda es una tarta “Red Velvet” . De color profundamente rojo en su interior quedó preciosa al cortarla y contrastar con el blanco de la cubierta.

FONDANT DE NUBES

Ingredientes y utensilios necesarios para 1 kg de fondant:

500 gr de nubes blancas

1000 gr de azúcar glas industrial

agua

margarina

1 bol grande apto para microondas

1 ensaladera

1 paleta de plástico duro

1.- Cortamos las nubes en cubitos, lo que facilitara su posterior fundido. Engrasamos con margarina el interior de un bol grande y echamos dentro las nubes.

2.- Nos mojamos las manos con agua corriente, las sacudimos un poco para evitar el exceso de agua, y revolvemos las nubes con ellas para que se humedezcan homogéneamente.

3.- En la ensaladera formamos un pozo con el azúcar glas. Es importante que el peso del azúcar sea el doble que el de las nubes. Ya lo tenemos preparado para recibir las nubes que fundiremos a continuación.

4.- Metemos el bol con las nubes en el microondas a máxima potencia durante 10 segundos. Transcurrido el tiempo, sacamos las nubes y las revolvemos un poco con una cuchara. En este punto habrán comenzado a fundirse, pero no del todo. Volvemos a meterlas otros 10 segundos, y de nuevo con la cuchara comprobamos si están más fundidas. Si sólo quedan unos pocos trocitos por fundir, no es necesario que volvamos a meter el bol, ya que con el calor que guardan las nubes y revolviendo con la cuchara terminarán por hacerlo.

Lo importante de este punto es que se fundan las nubes con suavidad, y que no alcancen una temperatura tan alta que se quemen. Lo conseguiremos si lo hacemos poco a poco, en periodos de 10 segundos, y comprobando siempre el resultado.

5.- Vertemos la masa resultante de nubes sobre el pozo de azúcar glas. Con la paleta de plástico vamos incorporando con movimientos envolventes el azúcar dentro de las nubes fundidas. Siempre vamos recogiendo azúcar de los lados y lo “cortamos” dentro de la masa. Poco a poco.

6.- LLega un momento en el que la masa no admite más azúcar. Es ahora cuando debemos volcarla sobre la encimera previamente espolvoreada con azúcar glas para poder amasarla.

7.- Nos engrasamos bien las manos con margarina y amasamos. Volveremos a untarnos las manos de margarina siempre que la masa esté muy pegajosa. Continuamos amasando con paciencia hasta obtener una textura suave, homogénea y elástica. Nos llevará unos 6 minutos más o menos.

8.- Dejamos reposar el fondant en la nevera, envuelto en dos capas de film transparente, y dentro de una bolsa con cierre. Al día siguiente ya tenemos el fondant preparado para recibir los colorantes y comenzar a trabajarlo. Me recuerda a cuando era niña y jugaba a hacer comiditas con plastilina.

Hasta aquí el proceso de “fabricación” del fondant. Para mí, lo más divertido es diseñar la tarta, mezclar colores, cortar, crear y formar la decoración, montarla, hacer que además de bonita, esté rica, para luego contemplar todo el esfuerzo invertido en crear una pequeña pieza de algo que se acerque, al menos mínimamente, a la belleza.

El tiempo es oro

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Sé que muchos de los que visitáis este humilde espacio nada tenéis que ver con los blogs de cocina. Sé que otros muchos sí lo tenéis.

Sé que en cualquier caso, para cada uno de vosotros el tiempo es algo tan sumamente preciado y valioso como para mi, siempre quejándome de su carencia.

Sé que los que sois blogueros (del tipo que sea) conocéis las penurias (como no, también las satisfacciones) que esta actividad depara. Sin temor a exagerar, aseguraría que dedicamos muchas horas de nuestras vidas a ello. Y el tiempo, dicen por ahí, es oro.

Por lo tanto, lo que cada uno de nosotros haga con su poco tiempo libre, es oro para él, uno de sus bienes más preciados, y lo cuida con cariño y esmero, y quisiera verlo crecer, y prosperar, y llegar a buen puerto.

Canal Cocina organiza un concurso de blogs de cocina, al cual, no sé bajo que influencias del destino, nos hemos apuntado un grupo de 76 blogueros. No voy a pedir vuestro voto para mí, sino para que os toméis el tiempo de llegar a Canal Cocina si pincháis aquí, os registréis (si es que no lo estáis ya) y os déis una vuelta por la lista de blogs que allí estamos, y decidáis cual de ellos merece vuestro voto, y vuestro tiempo. Nos estaréis haciendo un fantástico regalo. Bueno, si no tenéis mucho tiempo, siempre podéis votarme a mi directamente y listo (soniaif,   www.aquesabenlasnubes.com).

Decía el escritor francés Marcel Jouhandeau, que “como no tenemos nada más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin tenerlo en cuenta” .

Y un regalo por otro: el secreto mejor guardado de los mejores cocineros del mundo, que sólo unos pocos conocen, que nadie querría compartir, que hará que vuestros postres reluzcan más que el sol, como el oro, como el tiempo …: “Cómo hacer avellanas caramelizadas” ( Por cierto, que también podríais encontrarlo en el libro “Cupcakes” de Martha Stewart, pero aquí ya está traducido y con mucho más cariño).

GOTAS DE AVELLANAS CARAMELIZADAS

Ingredientes y utensilios necesarios para una docena de avellanas:

Avellanas (es necesario prever más avellanas de las que nos van a hacer falta)

1 taza de azúcar

1/4 taza de agua

1 docena de brochetas de madera

1 cazo

1 termómetro para confituras y caramelo (no es absolutamente necesario, pero si práctico)

1 bol grande (en el que quepa el cazo) con hielos y agua

periódicos o papeles viejos

1 par de libros grandes y pesados

1.- Nos encomendamos al cielo o a lo que cada uno más le apetezca para que no se nos rompan muchas avellanas, para que no se nos queme el caramelo, para que nos dé tiempo a hacer todas las avellanas, etc… y nos ponemos manos a la obra.

2.- Necesitamos avellanas de la mejor calidad posible, y del tamaño que más nos convenga. Las descascarillamos con cuidado, y las reservamos. Se nos va a romper más de una, de ahí que tengamos más avellanas previstas de las que vamos a necesitar.

3.- Con cuidado insertamos en cada avellana una brocheta de madera. Con que la avellana se mantenga firme en la brocheta y no se caiga es suficiente. Reservamos.

4.- Tapizamos el suelo directamente debajo de la encimera de la cocina con papeles viejos (ahí va a caer el caramelo sobrante), y tenemos preparados dos libros grandes para sujetar las brochetas.

5.-Tenemos listo un bol grande con hielos y agua, que nos servirá para parar la cocción del caramelo. Preparamos el caramelo vertiendo en un cazo el azúcar y el agua, calentamos removiendo hasta que se disuelva, y una vez disuelto el azúcar dejamos de remover, bajamos la temperatura y vigilamos hasta conseguir un caramelo de color ámbar medio (en el termómetro debe marcar 148º centígrados o 300º fahrenheit). Retiramos del fuego y metemos por unos instantes el cazo en el baño de hielo y agua para detener la cocción.

6.- Dejamos reposar el caramelo hasta que espese un poquito (con 3 minutos más o menos es suficiente, unos 95º centígrados o 200º fahrenheit). Podemos probarlo metiendo la punta de un palillo dentro. Si al levantarla despacio un par de centímetros se forma un hilo, el caramelo está listo.

7.- Tomamos una avellana con su correspondiente brocheta, la sumergimos en el caramelo, la damos unas vueltas y la colocamos sobre la encimera sujeta por los libros, de tal forma que el hilo de caramelo que se va formando caiga sobre los periódicos. En la foto se puede ver claramente la manera de colocarlas. Seguimos caramelizando con el mismo método el resto de las brochetas. Si el caramelo se endurece en algún momento, basta con calentarlo un poquito a fuego suave.

8.- Pasados unos minutos, cuando el caramelo de las avellanas esté totalmente duro, retiramos con cuidado el palito, y cortamos el hilo de caramelo a la altura deseada.

Ya están listas para decorar lo que nos apetezca. Eso sí, deben consumirse el mismo día en el que las realizamos.

Imprimir la receta: Gotas de avellanas caramelizadas

Y de nuevo “El Principito”: “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar” (Capítulo 10)

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