Siete motivos para hacer fotografía culinaria

Siete motivos para hacer fotografía culinaria. Mis siete motivos. Hoy, una entrada muy personal, que espero que os inspire a seguir haciendo preciosas imágenes culinarias…

Cada vez que alguien me pregunta a qué me dedico, y les cuento que soy fotógrafa culinaria, las reacciones son muy diversas. Desde la persona a la que le parece el oficio más interesante del mundo, hasta aquellos que te miran como si no pudiera existir una profesión parecida.

Fotógrafo de bellas y bellos modelos, fotógrafo de preciosos paisajes para el National Geographic, fotógrafo en zona de guerra que arriesga su vida con su profesión, fotógrafo de bodas hipster… todo eso puede existir, pero ¿Fotógrafo de comida??? ¿Eso es una profesión seria?

Seria, no lo sé, pero divertida y preciosa ¡Muchísimo! Estos son mis siete motivos para hacer fotografía culinaria:

1.- Combinas dos pasiones en una.

Desde muy pequeñita me encanta cocinar. A mi madre le daba la lata un día sí, y otro también para que hiciésemos rosquillas. Siempre ha sido una pasión. Así que el día que se me ocurrió hacer fotos de lo que cocinaba, todos los puntos se unieron, y la vida cambió.

La fotografía te permite hacer arte de aquello que te guste: el deporte, la cocina, los animales… ¡A mi me apasiona poder unir fotografía y cocina en una sola actividad!

2.- No tienes que hablar con nadie, o casi con nadie

siete motivos para hacer fotografía culinaria¡Qué no se me malinterprete! Me encantan las personas, y soy tremendamente comunicativa. Me gusta muchísimo socializar, y disfruto con una buena charla como el que más. Pero soy tímida. Lo paso mal cuando alguien me pide que le haga retratos para su perfil profesional o para un book. No me siento bien diciéndole a la gente cómo tiene que posar. 

Mis lechugas y mis tartas no rechistan cada vez que las cambio de sitio, o les meto las pinzas odontológicas…

3.- Puedes hacer fotografía culinaria en la comodidad de tu estudio.

Cuando no paraba de viajar para ganarme el pan, podía levantarme a las 5 de la mañana en Nueva York en pleno invierno para ir a Central Park a hacer fotos ¡Y lo pasaba de miedo! Pero tenía frío, sueño y me perdí más de una vez por lugares insospechados del mundo.

Ahora, hago mis fotografías calentita (a veces demasiado cuando enciendo las luces continuas en pleno verano), me pongo la música que me gusta, y si quiero, me tomo mi té japonés mientras trabajo.

4.- No te desconyuntas los huesos del cuerpo (o casi no te los descoyuntas…).

Tengo una mochila de fotografía en la que puedo meter mi cámara, unos cuantos objetivos, mis cables, baterías de repuesto, mi ordenador y iPad, los trastos de limpieza de la cámara, algún filtro, una botellita de agua en el lateral (para conservar a salvo el resto), e incluso, con algo de maña, puedo hacer algún apaño para que el trípode con mi preciosa rótula 3W venga también conmigo. De acá para allá, colgada en mi espalda. Durante horas…

En mi estudio no cargo con nada. Si acaso, unos pasos, pero nada más. Y mi espalda solo se descoyunta un poquito cuando tengo que sujetar un reflector con una mano, con la otra abanico el humo que sale de la bebida caliente que estoy fotografiando, y aprieto con los dientes el disparador remoto ¡Una nadería!

5.- Trabajas con colores

Siento una especial pasión por el color. No sé la razón. Puede ser porque de pequeña (y esta batallita ya la he contado más veces… ¡Como una abuela!) jugaba con los tubos de pintura al óleo de mi madre. Los colocaba, los combinaba y leía sus nombres con devoción.

Una de las cosas más importantes en fotografía culinaria es el color y su buen uso. Me encanta preparar los complementos de una imagen combinando colores, y trabajando después con ellos en Photoshop. No es que en otro tipo de fotografía no sea importante ¡Al contrario! Pero en culinaria ¡Es fundamental!

6.- Siempre tienes modelos disponibles

¿Están cansados vuestros hijos de que les persigáis por la casa con la cámara a cuestas? ¿Habéis recorrido todos los lugares más bellos de vuestro lugar de residencia y necesitáis salir de viaje para seguir haciendo fotos? ¿Estáis esperando a que llegue la primavera para hacer esas preciosas fotos macro de mariquitas sobre los pétalos de una flor? ¡Innecesario!

¿Quién no tiene un triste tomate solitario en su casa? ¿O una simple galleta? ¿Tal vez una sopera vacía en la que simulemos que dentro hay una riquísima crema de puerros? Lo que yo os digo. Siempre tienes modelos disponibles, y nunca huyen de ti.

7.- Te enganchas sin remedio

siete motivos para hacer fotografía culinariaY esta última razón no solamente es personal. Es una razón compartida con muchas, muchas personas.

A lo largo de estos años y cursos impartidos de fotografía culinaria, no podéis imaginar la cantidad de gente maravillosa que me ha escrito para decirme que se han rendido a la fotografía culinaria sin remedio.

Todo comienza con el interés de crear bonitas imágenes de aquello que cocinan, para incluirlo en sus blogs o páginas web ¡O simplemente por gusto! Al cabo de un tiempo, la fotografía culinaria te atrapa y no te suelta.

Puede ser que trabajar con una necesidad primaria del ser humano, e intentar crear belleza con aquello que nos nutre y nos mantiene vivos sea algo muy especial, muy arraigado en nosotros. O puede ser porque trabajar con la luz, las texturas y los colores de los alimentos para atraer la atención de otras personas sea todo un reto. No lo sé. Solo sé que uno se engancha sin remedio a la fotografía culinaria, y al final, no sabe si fotografía lo que cocina, o si cocina para poder hacer fotografías.

 

 

¡Y no os podéis imaginar cuando cuento que soy profesora de Photoshop! ¡Ahí sí que pierdo toda credibilidad!!

 

 

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