Boeuf Bourguignon

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Acabamos de llegar del cine, después de acudir al estreno de no me acuerdo que episodio de la Guerra de las Galaxias (ya ha llovido desde entonces…). Preparo la cena. Estoy sola. No recuerdo a santo de qué tengo el rodillo de madera en las manos. Nadie puede verme. Con el delantal puesto, sujeto bien fuerte el rodillo, y con una habilidad propia de un maestro Jedi, doy unos pases fantásticos por el aire con mi espada-rodillo de luz, imitando casi a la perfección el sonido del arma cortando el aire. Doy una vuelta y otra al estilo del mismísimo Luke Skywalker (menos mal que no se me ha ocurrido peinarme con los moños-ensaimada de la princesa Leia) y lucho con un oponente imaginario, vueltas y más vueltas, emocionada… hasta que el vecino que pasa en ese momento por la calle se queda pasmado mirando, y busco desesperadamente un sitio donde esconderme… Tierra, por favor, por favor, por favor….¡¡¡¡TRÁGAME!!!

Que tire la primera piedra quien tras ver una película de kung fu (mal llamadas “de chinos”) no ha salido del cine dando patadas al aire y cortando ladrillos a golpe de canto de mano. Que tire la primera piedra quien tras ver a Fred Astaire en plena acción, no ha intentado marcarse unos pasos de claqué sobre el parquet del salón. Que tire la primera quien después de tragarse todas las pelis de “Tiburón” no ha sentido un escalofrío de terror en el mar al notar un ligero roce en la pierna…

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Hace más o menos un año que leí el libro “Julie and Julia, My year of cooking dangerously” de la famosa bloguera Julie Powell, pero sólo fue hace unas semanas que vi la película basada en el libro, y protagonizada por Meryl Streep y Amy Adams. En mi humilde opinión, aparte del fantástico trabajo de Meryl Streep, entretiene y poco más, pero si alguien la ha visto, comprenderá por qué, sin dejar pasar más de un día, me lancé desesperadamente a la cocina. No podía, no lo soportaba, era superior a mi… mi mente, mi cuerpo y mis anhelos culinarios, me obligaron a cocinar un “Boeuf Bourguignon” al más puro estilo de Julia Child en su libro “Mastering the Art of French Cooking”.

Me decidí por una versión más ligera que la de Julia Child, evitando en cierta medida las grasas de origen animal, y aumentando la cantidad de verdura. La primera vez que lo hice incluí champiñones, pero debo decir que me gusta más sin ellos, así que doy la receta según mis preferencias. En cuanto al vino (para ser puristas deberíamos utilizar un Borgoña, el cual no suelo tener a mano) utilicé un Rioja joven. He aquí el resultado. Será suficiente decir, que desde entonces he vuelto a repetir tres veces.

BOEUF BOURGUIGNON

Bourguignon

Ingredientes:

3 cucharadas de aceite de oliva

1,200 kg de carne de ternera (para estofar, y de la mejor calidad posible) cortada en cubos para estofar, que no sean demasiado grandes

2 zanahorias grandes peladas y cortadas en trozos de unos 2 cm

1 cebolla pequeña picada

sal y pimienta

2 cucharadas de harina

3 tazas de vino tinto (cuanto mayor sea la calidad del vino, mejor será el resultado)

2 1/2 tazas de caldo de carne

1 tomate pequeño rallado

2 dientes de ajo

1/2 cucharadita de tomillo

1 hoja de laurel

unas 20 cebollitas francesas

1 cucharada de aceite de oliva y otra de mantequilla

1 taza de caldo de carne

un ramito de hierbas compuesto de: 4 ramitas de perejil, una hoja de laurel, 4 ramitas de tomillo.

1.- Precalentamos el horno a 230º.

2.- Con papel de cocina secamos uno a uno, todos los trozos de carne. Reservamos. Calentamos 3 cucharadas de aceite de oliva en una sartén grande. Cuando el aceite esté muy caliente, doramos la carne por todos los lados. Poco a poco, con cariño y con cuidado. Una vez dorados los sacamos a un plato y reservamos.

3.- En la misma grasa de la sartén, salteamos las zanahorias y la cebolla picada. Una vez que las verduras estén bien doradas añadimos la carne que teníamos reservada. Salpimentamos al gusto, y espolvoreamos con las dos cucharadas de harina. Removemos para cubrir bien la carne con la harina. En este momento pasamos carne y verduras junto con la grasa y jugos a una cocotte (estaría encantada de decir que dispongo de una cocotte esmaltada tipo Le Creuset, pero no, así que utilicé una de pyrex con tapa y listos). Metemos la cocotte SIN LA TAPA en la posición central del horno precalentado, durante 4 minutos. Al cabo de este tiempo volvemos a darle unas vueltas a la carne y volvemos a hornear durante otros 4 minutos. El propósito de este proceso es dorar la harina para que se forme una “costra” alrededor de la carne.

4.- Sacamos la cocotte del horno y bajamos la temperatura del mismo a 150º. Vertemos el vino y el caldo de carne en la cocotte. Añadimos el tomate rallado, los dientes de ajo aplastados con un golpe de cuchillo, el tomillo y la hoja de laurel. Cubrimos, ahora sí, con la tapa y colocamos la cocotte en la parte baja del horno. Horneamos durante 3 horas hasta que la carne este muy tierna.

5.- Mientras se cocina la carne preparamos las cebollitas francesas. En una sartén grande calentamos el aceite y la mantequilla. Cuando empiece a burbujear añadimos las cebollitas peladas y enteras. Salteamos durante unos 10 minutos para que se doren lo más uniformemente posible.

6.- Añadimos la taza de caldo, el ramito de hierbas, sal y pimienta. Cubrimos la sartén y bajamos el fuego. Deben cocinarse durante unos 40 minutos, hasta que estén tiernas y el caldo se haya evaporado. Retiramos las hierbas.

7.- Cuando la carne está tierna, incorporamos todas las cebollitas a la cocotte y mezclamos con cuidado. Probamos y rectificamos la sal. Debe quedarnos una salsa ligeramente espesa.

8.- Servimos muy caliente junto con puré de patatas o arroz blanco.

Imprimir la receta: Boeuf Bourguignon

Está riquísimo, y aunque lleva un cierto trabajo no es un plato complicado. Sólo por el nombre merece la pena hacerlo. Después de repetir treinta veces que ibamos a comer Boeuf Bourguignon, mi hijo pequeño al probarlo exclamó: ¡Ah, vale, ESTOFADO! ¡Niños…..!!!!

En algún lugar, más allá del mar

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No hay mejor viaje que el de la imaginación.

Viajemos, pues.

Buscamos un sitio cómodo y cercano (imprescindible, ya que hay que seguir en contacto con la pantalla del ordenador). Tomamos aire, espiramos lentamente y cerramos un ojo (los dos sería lo ideal, pero dificultaría nuestra tarea lectora), y acompañados de un té a la menta (por aquello de la ambientación) comenzamos a viajar a algún lugar, más allá del mar.

Estamos en algún punto céntrico de España ¿Por ejemplo Alalpardo?. Posición: mirando al sur. Comenzamos a caminar hacia abajo, buscando el calor. Y un poquito más, dejando a la derecha Toledo sigamos el paseo, ya sé que es difícil, tanta belleza atrae, pero continuémos. Sin prisa pero sin pausa, más y más hacia el sur, hasta llegar a Córdoba, saludamos de paso a los amigos y nos tomamos unas cañitas con ellos. Pero aún no hemos llegado… Marbella, Algeciras… y de un salto al barco…

En menos de una hora habremos cruzado el Estrecho de Gibraltar, y ya en Ceuta el cambio se va haciendo más evidente. Y ahora un cuarto de vuelta hacia la derecha, hasta Tánger.. nuestros sentidos comienzan a disfrutar de un mundo nuevo…

Gracias a mi sobrino Mathieu, que me ha prestado sus fantásticas fotos de Marruecos, con un artista así, sobran a partir de ahora las palabras…

TACTO

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OÍDO

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VISTA

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OLFATO

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MARRUECOS

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Una delicia para los sentidos…

POLLO CON MIEL Y CIRUELAS

Pollo con ciruelas y miel

Ingredientes:

1 kg. de pollo cortado en trozos no muy grandes

250 gr de ciruelas secas sin hueso

1 cucharada sopera de sésamo tostado

100 gr de almendras marcona

1/2 cucharadita de pimienta

1/2 palo de canela

1 cebolla picada muy fina

25 gr de mantequilla

1 cucharada de aceite de oliva

1 cucharada de raz el hanout

1/2 cucharadita de canela

2 cucharadas de miel

sal

200 ml de caldo de pollo

1.- En una sartén ponemos la mantequilla y el aceite de oliva. Cuando esté lo suficientemente caliente doramos la cebolla junto con el palo de canela hasta que quede tierna. Añadimos el pollo en trozos y las almendras. Doramos.

2.- A continuación sazonamos con sal y pimienta, y añadimos las especias. Las proporciones de canela y raz el hanout son orientativas, dependen del gusto de cada uno. Particularmente, prefiero que sobre y no que falte.

3.- Rociamos con el caldo de pollo, y bajamos la temperatura para que se cocine con calma y amor.

4.- A mitad de cocción del pollo añadimos las ciruelas y la miel. Dejamos que termine de cocinarse lentamente para que quede una salsa melosa y las ciruelas se deshagan un poquito. Rectificamos el punto de sal, añadimos sésamo por encima y servimos bien caliente y acompañado de sémola de trigo.

Imprimir la receta: Pollo con miel y ciruelas

Es sencillamente delicioso. Me gusta acompañarlo con una ensalada de naranjas y aceitunas negras que un día probé en un maravilloso restaurante marroquí al que estoy loca por volver. Y de postre… unos cuernos de gacela. La receta…. en próximos episodios.

Y como lo prometido es deuda, aquí va la tercera hoja del calendario. La de febrero, para el que se lo haya perdido, en el post anterior.

Marzo 2010
Imprimir calendario: Marzo 2010

Al sureste de la France

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Felizmente existen personas sencillas, lugares sencillos, recetas sencillas, testimonios sencillos. No siempre lo sencillo resulta ser sinónimo de fácil, corriente, u obvio. No siempre lo sencillo es evidente. Amo lo sencillo.

Felizmente existen personas complejas, lugares, recetas e imágenes complejas que no siempre son difíciles, rebuscadas o engorrosas. Adoro lo complejo. Sucede que a veces es conveniente lo sencillo, y otras no.

Además no para todo el mundo lo complejo es lo mismo. Un ejemplo sencillo: para mí, el concepto de “fuera de juego” en el fútbol es complejísimo. Para mi hijo de 7 años es sencillamente evidente.

L’Ardèche es uno de esos lugares sencillos, cuajados de bellos lugares y maravillosos paisajes. Un rincón del país vecino (¡mecachis, de nuevo éstos galos!) poco conocido, dónde disfrutar de pausados paseos por el campo, largas tardes de verano, y maravillosos productos de la tierra en forma de deliciosos platos.

Este verano, ya acabado, me encantó salir, cámara en cuello, de “safari fotográfico” con mi hijo “el virginiano”, y mi hijo “el del fútbol”, mientras mi hijo “el hippy”, fabricaba ordenadores.

Disfruté, como siempre, del queso blanco con nata y azúcar moreno, de la crema de castañas (insuperable en l’Ardèche), y de los mejores vinos, quesos y verduras de Francia (Aquellos que en mis años adolescentes me hacían recordar a los camiones españoles, pero ahora tengo hijos “gatachos” y pelillos a la mar)

La receta siguiente es uno de los platos más reconfortantes, sencillos, y maravillosamente cremosos que conozco. Pocos y buenos ingredientes, mucha paciencia, y un precioso día de otoño para disfrutarlo.

Espero que mi suegro este más que contento, después de este sencillo homenaje a su tierra, a su casa.

¿Qué dónde está l’Ardèche? En el título.

GRATIN DAUPHINOIS

Ajo

Patatas

Nata líquida

Queso gruyère

Sal

Pimienta

Nuez moscada

Aclaración: no hay ningún error. No faltan las cantidades. Esta es una de esas recetas que siguen el bonito método “a ojo de buen cubero”.

1.- Precalentamos el horno a 170 grados centígrados.

2.- Frotamos una fuente de horno con un diente de ajo partido por la mitad (paso fundamental que no conviene saltarse, porque le da un toque de “sé perfectamente lo que estoy haciendo”)

3.- Pelamos las patatas, las lavamos y las partimos en rodajas finas (si disponemos de una mandolina, ahora es el momento perfecto para amortizarla). En cuanto a la cantidad de patatas: las suficientes rodajas para rellenar la fuente hasta arriba. (En mi caso he utilizado 7 patatas grandes).

4.- Disponemos una capa de rodajas de patata en la fuente, salpimentamos y echamos un toque de nuez moscada rallada ¡un toque, no media nuez!.

5.- Siguiente capa: lo mismo que la anterior, más una capa de queso gruyère rallado.

6.- Siguiente capa: igual que la primera.

7.- Siguiente capa: igual que la segunda.

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8.- Terminamos de rellenar la fuente hasta arriba con este entretenido método de las capas, finalizando con una capa más gruesa de queso rallado. Echamos nata líquida hasta que cubra casi todas las patatas (vale, yo utilicé unos 450 ml).

9.- Horneamos hasta que las patatas queden tiernas, suaves, cremosas… (Más o menos 1 hora y 15 min.)

Voilà!!

Imprimir la receta: Gratin dauphinois

“Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos” (“El Principito” Capítulo III)

Una de azafatas

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O todo lo que le gustaría saber sobre las azafatas y tal vez no se atrevió a preguntar.

De una vez por todas, aquí quedan desvelados esos misterios por los que cualquier pasajero siente curiosidad y sobre los que tanto le gusta investigar:

-¿Las azafatas hacen siempre la misma ruta?

Ante todo, un par de aclaraciones:
Ya no nos llamamos azafatas, sino TCPs, tanto masculinos como femeninos, que queda mucho más moderno, y no lo utiliza ni el que lo inventó. No hacemos “rutas” sino líneas. Lo de ruta suena a la Blasa (conocida empresa de autobuses interurbanos) y tampoco es el caso.

No, no hacemos siempre la misma linea. Funciona por flotas. Cada uno de nosotros pertenece a una flota de aviones, y esa flota hace siempre corto o largo radio. Lo que quiere decir que por ejemplo, en mi caso, siempre trabajo en el mismo tipo de avión, y siempre hago vuelos transoceánicos, pero no suelo repetir un destino más de tres veces en un año.

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¿Cuánto tiempo pasan en los sitios donde van?
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Depende. Lo normal, cuando cruzamos el charco, es permanecer alrededor de 24 horas. En España o Europa, menos aún. Por suerte dispones de día y medio en Nueva York, por desgracia te quedas tres días en Caracas (que conste que no tengo nada en contra de Venezuela, hermoso país, pero es que allí vivimos en una carcel de oro).

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¿Por dónde estamos pasando ahora mismo?

Lo siento. Ni idea. Desde esta altura, no reconozco nada. Son los pilotos los que disponen de esa información, y en el tiempo que tardo en llegar a la cabina, preguntar, y volver a contarlo, con lo rápido que va el avión, mi respuesta sería mentira.

¿Cuanto tiempo descansan cuando vuelven a su casa?

Poco, muy poco. Se lo aseguro.

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-¿Y ustedes que comen en el avión, lo mismo que los pasajeros?

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Pues no. Nosotros tenemos una comida diferente. Tenemos dos tipos de menú, para que tanto pilotos como azaf… perdón, TCPs, no repitan los mismos platos y en caso de intoxicación caigamos todos enfermos. Eso sí, la comida es igual, igual, de rica y exquisita que la de los señores pasajeros.
Uno de esos platos, con los que taaaaaanto disfrutamos, son los fideos chinos. Rico dónde los haya. Es un clásico de la comida azafateril.

Con cariño, e inspirados en aquellos, ésta es mi versión de los fideos chinos  del avión, lánguidos y sin gracia. Estos, mucho más sabrosos y nutritivos, y sobre todo, cocinados con amor. Cualquier parecido con el original, pura coincidencia.

FIDEOS CHINOS

(o japoneses, o tailandeses, o vaya usted a saber de qué parte de oriente proceden)

Ingredientes:

300 gr de fideos chinos al huevo
un chorrito de aceite de girasol (unas 5 cucharadas)
2 dientes de ajo
1 cucharada de jengibre fresco rallado
medio calabacín grande
1 puerro
3 zanahorias
medio pimiento verde grande
un chorritín de salsa de soja (si el chorrito eran 5 cucharadas, el chorritín unas 4)
semillas de sésamo (blancas o negras)
unas gotas de aceite de sésamo (si disponemos de él)

1.- Cocemos la pasta siguiendo las indicaciones del paquete. Hay que tener cuidado con el tiempo con este tipo de pasta, si nos pasamos quedarán demasiado hechos y pastosos.
Una vez hecha la pasta la escurrimos y aclaramos con agua fría para detener el proceso de cocción. Reservamos.

2.- Partimos las verduras en tiritas. Es importante que queden de un tamaño uniforme. El resultado será mucho mejor.

3.- En una sartén grande (si tenemos un wok es un momento ideal para utilizarlo), echamos el chorrito de aceite de girasol y calentamos a temperatura baja.  Ponemos el ajo bien picado cuando todavía no está muy caliente. Es necesario que se ablande, pero no que se queme, o que quede demasiado dorado. Añadimos el jengibre rallado, y lo doramos un minuto más.

4.- Añadimos el puerro, las zanahorias y el pimiento verde a la sartén. Subimos la temperatura y salteamos, al cabo de dos minutos añadimos el calabacín. Salteamos, bajamos la temperatura y dejamos que las verduras se ablanden un poco.

5.- Es el momento de añadir la pasta, mezclar bien y con cuidado. Lo dejamos un par de minutos para armonizar sabores y calentar bien la pasta, y antes de servir añadimos la salsa de soja, unas gotas de aceite sésamo y espolvoreamos con sésamo para adornar.

Imprimir la receta: Fideos chinos

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Para los que vivís en Madrid o estáis de paso, si queréis encontrar alimentos orientales, una magnífica opción es acudir al supermercado oriental “Ta Tung Universal” (c/ Mozart, 5), muy cerca del centro comercial Príncipe Pío (antigua Estación del Norte). Aunque por fuera tiene el aspecto de una tienda de todo a cien, dentro variedad, calidad y precio son estupendos.

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Pido perdón por la calidad de las dos primeras fotos. Fueron tomadas en condiciones pésimas. Se trata de un anuncio de los años 50 para reclutar azafatas. En él se hace referencia a los requisitos necesarios (incluidos estado civil y raza) para solicitar el puesto, y a la perfecta apariencia que toda azafata debería tener. (Museo Smithsonian del Aire y el Espacio en Washington DC)

Y por cierto, no, no falta mucho para llegar, si se duerme un poquito, cuando se despierte, ya se habrá terminado este post.

Zzzzzzzzzzzzzzzz……..

HEMC 31: Quinoa

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Aunque hace unos meses que no participaba en el HEMC mensual (debo reconocer que no por falta de ganas, sino de tiempo), lo he seguido, sin faltar a la cita.

hemc 31 - quinoa
Este mes, y dado que el tema propuesto es a la vez original, extremadamente sano y nutritivo, y por si fuera poco, muy versátil, no puedo dejar de estrujar la agenda, y hacer mi contribución al hemc #31.

Me gustaría, eso sí, poner mi granito de quinoa, y presentar (a quien no la conozca) la quinoa roja.

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La quinoa roja es una variedad sorprendente de la quinoa. Una de ellas, porque variedades, aunque desconocidas por estos lares, las hay.

Este grano deslumbra con su impresionante color rojizo y su sabor extraordinario que nos recuerda ligeramente a la nuez. Se cocina igual que la quinoa “blanca” y puede utilizarse en los mismos platos. La diferencia: su fantástico aspecto con el que podremos jugar visualmente. Personalmente, la encuentro más crujiente y sabrosa.

Sólo me queda agradecer a Sole de “Sole empieza a cocinar” por haber tenido la brillante idea de proponer un alimento de una calidad excelente, y de esta manera contribuir a su conocimiento.

Y ahora sí, la receta. Realizada con quinoa blanca esta vez. Igualmente deliciosa, o más si cabe, con la variedad roja.

HAMBURGUESAS DE QUINOA CON SALSA DE YOGUR

Ingredientes para 6  hamburguesas:

125 gr de quinoa
225 gr de champiñones
1 calabacín pequeño, o medio grande
1 cebolla pequeña
1 pizca de paprika
1/4 de taza de queso parmesano rallado
1 huevo
1 taza de pan rallado
aceite de oliva
sal
pimienta

Ingredientes para la salsa de yogur:

1 yogur natural
2 cucharadas de perejil picado
1 cucharadita de hierbabuena picada
1 diente de ajo
1 cucharada de alcaparras

1.-Picamos los champiñones y el calabacín en trocitos pequeños. Colocamos todo en un plato llano, y con papel de cocina, presionamos para absorber la humedad. Reservamos.
Picamos la cebolla.

2.- Lavamos bien la quinoa, hasta que el agua salga clara. La ponemos en un cazo y echamos el doble de agua. Llevamos a ebullición. Bajamos el fuego, tapamos y cocinamos hasta que la quinoa quede tierna, pero todavía crujiente. Debe haber absorbido todo el agua.

3.- Mientras tanto en una sartén grande ponemos a calentar unas cucharadas de aceite de oliva y ponemos a dorar la cebolla, hasta que quede transparente. Añadimos la mezcla de champiñones y calabacín. Sazonamos con la pizca de paprika ( o más si nos gusta más picante), sal y pimienta. Dejamos al fuego hasta que calabacines y champiñones estén tiernos. Retiramos del fuego. Reservamos.

4.- En una ensaladera mezclamos las verduras reservadas y templadas, la quinoa, el parmesano rallado, el huevo batido y el pan rallado. Probamos y corregimos el punto de sal.  Metemos toda la mezcla en el frigorífico durante 1 hora.

5.- Preparamos la salsa de yogur. En un bol grande batimos el yogur, y le añadimos el perejil y hierbabuena picados, el ajo y las alcaparras picados también, sal y pimienta al gusto. Reservamos para servirla luego junto con las hamburguesas.

6.- Formamos las hamburguesas con cuidado. En una sartén grande ponemos un chorrito de aceite de oliva, y las doramos en él por los dos lados (unos 3 minutos por cada lado) hasta que queden muy crujientes.

7.- Podemos acompañar de un bollito de pan, o tomarlas solas junto con la salsa de yogur y una ensalada de pepino y tomate.

Imprimir receta: Hamburguesa de quinoa

Posiblemente la quinoa llegue a ser uno de los alimentos del futuro. Y si alguien tiene curiosidad por alguna otra receta, aquí está la siguiente. ¡Qué lo disfruten ustedes!

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