Aceite de nuez. Periplo desde Times Square a Union Square pasando por Flatiron, atravesando casi todo Broadway para conseguirlo.

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Ya lo dijo Antonio Machado y cualquier cosa que yo añadiese sería inútil: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, y si para conseguir aceite de nuez, hay que atravesar la mitad de Broadway ¡¡Se atraviesa!! Con un par…. de buenas zapatillas y una cámara al hombro.

Reportaje gráfico del camino a recorrer para hacer pan de nuez con su correspondiente aceite:

Taxis en Times Sq.

Salgo de Times Sq. tomando Broadway. Por supuesto siempre y cuando consiga cruzar la calle, y atravesar la masa de gente que viene frente a mi…

TImes Sq.

Paso por Herald Square, precioso en esta época del año, cuajado de tulipanes y dispuesto a tentarme con no seguir el paseo. Me contento con sentarme en una de las coquetonas sillas que el alcalde ha dispuesto para mayor gozo de turistas y locales. Unos minutos y continúo…

Tulipanes en Herald Sq.

Unas calles más allá y sin avisar, surge como en una buena película de gánsters, el edificio Flatiron… uno de los chaflanes más famosos del mundo… Aunque no soy la única tomando fotos. Me apetece pedirle prestada la escalera al buen hombre, pero no me atrevo, y me conformo con mis fotos a la altura de española media.

Edificio Flatiron

Hombre fotos Flatiron

Casi se me sale el corazón por la boca cuando en lo alto de aquellos edificios descubro una figura humana… (una estatua, lo prometo, no es un montaje).

Hombre tejados NY

Otro alto en el camino… la tienda Fishs Eddy en el cruce de Broadway con la 19 ¡el paraíso terrenal! Pido permiso a la dependienta para hacer unas fotos mientras babeo por toda la tienda… (lo de la baba evito comentárselo a la amable señorita)

Tienda

Ya vislumbro Union Square. Dentro de unos momentos conseguiré el tan ansiado aceite de nuez, y me pregunto qué ha sido mejor: el final del camino, o el camino como final…

Union Sq. metro

Parque Union Sq.

Union sq.

PAN DE NUEZ

Pan de nuez

Ingredientes:

325 gr de harina de fuerza

75 gr de harina integral

100 gr de harina de centeno

10 gr de levadura fresca

una cucharadita de sal

300 gr de agua

50 gr de aceite de nuez

150 gr de nueces peladas y machacadas en el mortero

1.- Precalentamos el horno a 220 grados. En una ensaladera grande colocamos las diferentes harinas y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con las harinas. Echamos la sal y mezclamos de nuevo con las manos.

2.-Con amasadora:

a.- Añadimos el agua y el aceite a la mezcla anterior. Metemos la amasadora y comenzamos a mezclar bien. Amasamos durante 4 o 5 minutos, hasta que quede una masa bien formada y elástica.

b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada. Terminamos de amasar con las manos levantando la masa, dejándola caer sobre la mesa, y doblándola sobre sí misma para incorporar aire. En este momento añadimos las nueces machacadas y seguimos amasando hasta que la masa quede elástica y manejable. Formamos una bola y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

2.-Amasado a mano:

a.- Mezclaremos bien el agua y el aceite con las harinas, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada.

Amasamos metiendo las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y dejándola caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.

b.- Una vez que la masa esté firme y manejable, añadimos las nueces machacadas y amasamos un poquito más para que se distribuyan bien por la masa. A continuación formamos una bola que dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.- Una vez pasado el tiempo de reposo, volvemos a volcar la masa sobre la superficie de trabajo. Desgasificamos, apretando con los puños la masa.

4.- Enharinamos de nuevo ligeramente la superficie de trabajo y damos forma de hogaza a nuestra masa. La tapamos con un paño enharinado y dejamos levar durante 1 hora más.

5.- Transferimos nuestra “bola” de pan a una bandeja de horno, efectuamos unos cortes en la superficie con un cuchillo afilado. Pulverizamos un poco de agua en el interior del horno (para que se forme una buena y crujiente corteza), metemos la bandeja con el pan dentro y horneamos durante 20 minutos.

6.- Una vez que el pan esté hecho (tendrá un bonito color oscuro, y al dar unos golpecitos en su base sonará a hueco), lo sacaremos del horno y lo dejaremos enfriar sobre una rejilla para que no “sude”.

Una verdadera delicia.

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“Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce a dónde otros han ido ya”

A. Graham Bell

¿A qué saben las nubes? ha llegado al IPad, desafortunadamente lo contrario sería mentira.

¿A qué saben las nubes? en IPad

El ghee ¿El quée?

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Uno de los mayores placeres de cocinar es el maravilloso olor que inunda la cocina y parte de la casa en plena tarea. El aroma del pan caliente en el horno, el olor de la mermelada de higos cuando borbotea sobre el fuego, el perfume de un pastel de chocolate caliente, o la dulzura de un té a la menta recién hecho, me inundan de paz y bienestar.

La fragancia del ghee derritiéndose sobre el pan caliente me transporta, directamente, a otra dimensión.

Ghee y cardamomo

El ghee es una de las bases de la cocina hindú, además de ser utilizado tanto por la medicina ayurvédica, como en ceremonias religiosas. El ghee es una mantequilla clarificada. Mediante un proceso de cocción prolongado se purifica la mantequilla y le hace perder la humedad. Puede realizarse en casa, y en internet se encuentran fácilmente distintas opciones para ello. Se le atribuyen muchas propiedades beneficiosas, pero al mismo tiempo la tasa de colesterol es bastante alta. Lo de siempre: hay que saber dosificar.

Suelo comprar el ghee ya preparado, y así abro rápidamente el bote, cierro los ojos, meto la nariz dentro (hasta un punto higiénicamente sensato) y empiezo a disfrutar sin tener que esperar. Sólo he encontrado un olor similar en las galletas bretonas con una base de mantequilla de primerísima calidad. Sencillamente impresionante.

Desgraciadamente no he visitado nunca la India, es uno de esos viajes que permanecen en los recuerdos del futuro. ¿Qué cuales son esos recuerdos? Son el motor de la utopía, los sueños y la imaginación.

Cuando preparo cualquier tipo de curry (lo que suele ocurrir con frecuencia), me encanta acompañarlo con pan Naan recién salido del horno y untado con un poquito de ghee. No tengo muy claro si lo del curry es una mera excusa para abrir el bote de ghee. Seguramente.

PAN NAAN

Pan Naan

Ingredientes:

500 gr de harina

1 cucharadita de levadura en polvo

1 cucharadita de sal

1/2 cucharadita de bicarbonato

1 huevo batido

1 cucharada de ghee (en su defecto puede utilizarse mantequilla de buena calidad)

125 gr de yogur natural

250 ml de leche

1.- Precalentamos el horno a 180 grados.

Tamizamos juntos la harina, la levadura, la sal y el bicarbonato.

2.- Añadimos el huevo batido, el ghee derretido, el yogur y la leche. Amasamos con amasadora o manualmente. En un principio resultará una masa bastante húmeda y pegajosa. Vamos añadiendo un poco más de harina mientras terminamos de amasar bien, pero siempre teniendo cuidado de que la masa no resulte seca. Es preferible que quede blandita.

3.- Damos forma de bola a nuestra masa, y la dejamos reposar durante 1 hora y media en un recipiente enharinado, cubierta y en un lugar a salvo de frío o corrientes de aire.

4.- Al cabo de este tiempo dividimos la masa en 8 porciones. Damos forma ovalada y plana a cada una de las porciones, y las colocamos sobre una bandeja de horno ligeramente engrasada.

5.- Metemos en el horno y dejamos que se horneen durante 10 minutos más o menos, o hasta que estén bien dorados. Sacamos del horno y untamos con ghee. Consumimos en cuanto dejen de abrasar para no quemarnos lengua ni paladar.

Por supuesto estos panes también se consumen fríos, pero para mi no hay comparación al hacerlo recién salidos del horno.

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“Ya sea que usted cree que puede, o que no puede, siempre tendrá la razón”

Henry Ford.

Delante catedral Girona

Del libro “Ayurveda: las mejores técnicas para conseguir una belleza verdadera” de Pratima Raichur.

Se sepa nada o mucho sobre ayurveda, es un libro completo y muy interesante, el cual recomiendo a todos aquellos que se interesan por la belleza natural, y en el que el ghee es un producto esencial.

Una ardilla de Alalpardo se cuela en el blog

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El otoño es una de mis cuatro estaciones favoritas. Tenía pensado un precioso texto sobre el otoño. Unas bonitas y románticas palabras, unas inspiradas frases sobre sus colores, su luz y su personalidad…

Pero se me ha colado una intrusa en el blog, así que he optado por dejar hablar a las imágenes que dicen que valen más que cienes y cienes de palabras…

Pincha aquí si quieres oir el testimonio de una ardilla alalpardeña, aunque yo no le haría ni caso, los de este pueblo estamos todos locos.

Sólo una pequeña broma, para darle vidilla al blog, que con tanto azúcar me estaba empezando a empalagar.

La fougasse es un pan especial. Es sencillo de realizar, delicioso: crujiente y tierno, creativo y sobre todo muy, muy bello. Los comensales quedan impresionados cuando ven una fougasse, sin saber lo fácil que ha sido realizarla.

FOUGASSE

Se pueden utilizar diferentes masas de pan. A mí me gusta la masa de aceite de Richard Bertinet para esta receta. En el tiempo de levado he incluido alguna variación.

Ingredientes:

500 gr de harina de fuerza

20 gr de sémola gruesa

15 gr de levadura fresca

1 cucharadita de sal

50 gr de aceite de oliva virgen extra afrutado

320 ml de agua

harina de maíz (para espolvorear sobre la fougasse antes de hornear)

1.- En una ensaladera grande colocamos la harina de fuerza, la sémola (que dará una textura más crujiente a la fougasse en su interior), y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con la harina y la sémola. Añadimos la sal y mezclamos con las manos. Precalentamos el horno a 250 grados centígrados.

2.- Con amasadora:

a.- Añadimos el agua y el aceite, y comenzamos a mezclar bien con la amasadora. Amasamos durante 4 o 5 minutos, hasta que quede una masa bien formada y elástica.

b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y terminamos de amasar con las manos. Formamos una bola con la masa y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

2.- Amasado a mano:

a.- Mezclaremos bien el agua y el aceite con la harina y la sémola, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y la amasamos de tal manera que vayamos incorporando aire. Metemos las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y la dejamos caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.

b.- Una vez que la masa esté firme y manejable, formaremos una bola con ella y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.- Pasado el tiempo de reposo, volcamos la masa sobre la superficie de trabajo y la desgasificamos apretándola con los puños, y le damos a la masa forma de disco plano. Una vez hecho esto la trasladamos a una placa cubierta con papel de horno.

4.- Con una paleta de plástico duro, o con un cuchillo bien afilado, realizamos unos cortes en la masa asegurándonos de llegar hasta la superficie de trabajo. En este caso yo he realizado unos cortes en forma de estrella, pero podemos utilizar otro diseño. Eso sí, más valen pocos cortes y claros, que un complicado dibujo que se pierda cuando leve el pan.

5.- Con las manos abrimos los cortes para que se ensanchen. Dejamos levar la masa durante 30 minutos. Una vez terminado el levado espolvoreamos con harina de maíz, de un bonito color amarillo.

6.- Bajamos la temperatura del horno a 220 grados. Vaporizamos el interior del horno con agua para que se forme una corteza crujiente y metemos inmediatamente la placa con la fougasse dentro. Dejamos que se hornee de 12 a 14 minutos, hasta que adquiera un bonito tono dorado.

Imprimir la receta: Fougasse

Desde Brasil con amor

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Dicen que en 1962 Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim compusieron “La garota de Ipanema” en honor a una joven que pasaba todos los días por delante del café del que eran habituales, camino de la playa. Sinceramente, no me lo trago.
O bien la chavala era una verdadera bomba, o los días amanecían muy, pero que muy nublados por aquel entonces.  Tener por delante la playa de Ipanema, y no fijarse más que en la garota, por muy linda y llena de gracia que se paseara balanceándose de camino al mar, debería llevarse a juicio.

Dicen también que la bahía de Rio de Janeiro es una de las más bellas del mundo.  No hay discrepancia alguna. La panorámica que se contempla desde uno de los morros (picos monolíticos de granito: wikipedia) desde los que se accede en teleférico al famoso Pan de Azúcar (otro morro) te hace dudar de si estás en este mundo, o de si has pasado a mejor vida.

Dicen que no existe elixir más delicioso que una caipirinha (o varias) en un chiringuito en   una playa de Río cuando comienza a caer el sol. Doy fe de ello. Acabas chapurreando el portugués con los omnipresentes vendedores de pareos.

Dicen que los paulistanos (habitantes de la ciudad de Sao Paulo) opinan que el Cristo Redentor del Corcovado mantiene los brazos extendidos porque está esperando a que los cariocas (habitantes de Río de Janeiro) se pongan a trabajar para bajarlos y empezar a aplaudir… “Menos samba y más trabajar”. Envidia cochina.

Dicen y dicen… Desde el hotel de Sao Paulo en el que me encuentro, sueño con Río de Janeiro. Y con la imaginación, me paseo en chanclas por el blanquinegro paseo al borde de Copacabana, y pienso que a Moraes y Jobim, les debían gustar las caipirinhas tanto como a mí.

Y del Pan de Azúcar, al pan de cerveza más rico que he probado. Que aunque no tienen nada que ver, me cuadraba perfectamente.

PAN DE CERVEZA

Ingredientes:

300 gr de harina de espelta (puede utilizarse harina integral de trigo)
200 gr de harina de fuerza blanca
10 gr de levadura fresca
10 gr de sal
350 ml de cerveza

1.- En una ensaladera grande colocamos la harina integral o de espelta, la harina blanca de fuerza y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con las harinas. Echamos la sal y mezclamos ligeramente.

2.-Con amasadora:
a.- Añadimos la cerveza. Metemos la amasadora y comenzamos a amasar. Al cabo de 4 o 5 minutos, nos aseguramos de que la masa está bien formada y sea elástica.
b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo muy ligeramente enharinada. Terminamos de amasar con las manos. Añadiendo sólo un poco de harina a la superficie de la mesa, formamos una bola con la masa y la dejaremos reposar durante 70 minutos en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.
2.-Amasado a mano:
a.- Mezclaremos bien la cerveza con la harina, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo y la amasamos de tal manera que vayamos incorporando aire.
Metemos las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y la dejamos caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.
b.- Enharinamos ligeramente la superficie de trabajo, y formamos una bola que dejaremos reposar durante 70 minutos en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.-Pasado el tiempo de reposo, con cuidado volcamos la masa sobre la superficie de trabajo ligeramente enharinada y la dividimos en dos partes iguales (nos saldrán dos panes medianos). Formamos una bola de nuevo con cada parte, y las dejamos reposar cubiertas por un paño durante 10 minutos. En este momento es cuando podemos encender el horno para precalentarlo a 250 grados.

4.- Modelamos cada bola dándole forma de hogaza. Espolvoreamos harina blanca sobre cada una de ellas, y con un cuchillo afilado hacemos un corte alrededor del “sombrero” de cada pan. Dejamos levar durante una hora.

5.- Una vez que los panes hayan levado los metemos en el horno caliente. Un segundo antes de hacerlo rociamos agua dentro del horno con un spray para que se forme una corteza crujiente. Dejamos hornear durante 15 o 20 minutos a 220 grados, o bien hasta que el pan esté dorado y al golpear su base suene a hueco.

Imprimir receta: Pan de cerveza

Me encanta este pan para acompañar platos de pescado, y siempre lo preparo con los mejillones mediterráneos que nos apasionan en casa. No queda ni una miguita, a base de mojarlo en la salsa.

P.D: Gracias y besos enormes a mi contacto en Madrid, que se encargará de publicar esta entrada. Estoy deseando estar de vuelta para agradecérselo personalmente. Sin un buen fontanero, no hay cañería que funcione.

HEMC 25: Focaccia de tomate

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Siempre que veo imágenes de La Tomatina de Buñol, cierro los ojos y rezo.
Rezo por que toda esa escabechina no consista más que en las bolas rojas e insípidas, con forma de tomate, con las que más a menudo de lo deseable nos encontramos. No me puedo imaginar otra cosa (perdónenme señores Valencianos, no me meto con su fiesta, es sólo que encontrar un buen tomate hoy en día, es más difícil que hacer gárgaras con la cabeza hacia abajo…).
Y es que al tomate, al bueno, al jugoso, al turgente, al dulce, al sabroso, habría que darle tratamiento de nobleza.

hemc 25 - tomate

Aida e Irene, de “With the hands in the dough” (me gusta casi tanto el nombre del blog como su contenido: geniales), lo proponen este mes para el ya adictivo HEMC.
Sabiendo que los tomates pueden tomar miles de formas, me decido por la favorita de mi casa: pan, aceite, sal y tomate (el jamón del pobre). Funciona siempre. Pa amb tomàquet a la italiana (Perdónenme también ustedes señores Catalanes e Italianos, ya sé que no tiene que ver esa joya de la gastronomía de Cataluña, con esa otra joya de la de Italia, es sólo un juego).

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FOCACCIA DE TOMATE

Ingredientes:

500 gr de harina de fuerza
20 gr de sémola gruesa
15 gr de levadura fresca
1 cucharadita de sal
50 gr de aceite de oliva virgen extra
320 ml de agua
50 gr de pasta de tomate
4 hojas de albahaca fresca
15 tomatitos cherry
sal gorda

Antes de empezar, dos aclaraciones. La primera: la masa “básica” está basada en la receta de focaccia de Richard Bertinet, con modificaciones por mi parte. La segunda: la pasta de tomate es un puré espeso y concentrado de tomate, sin piel y sin semillas, con un intenso sabor. En España no es demasiado fácil encontrarla. En mi casa no suele faltar. Una cucharada de esta pasta ayuda a dar un sabor más pronunciado a cualquier plato que lleve tomate. Utilizo una pasta de tomates orgánicos que compro en Whole Foods Market, y que me traigo de “alijo” cuando voy a Estados Unidos. Si no la encontráis, creo que podríais sustituirla por un puré hecho con tomates secos rehidratados.

1.- En una ensaladera grande colocamos la harina de fuerza, la sémola (el cometido de la sémola será el de darle “textura” a la focaccia), y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con la harina y la sémola. Echamos la sal y mezclamos ligeramente.

Con amasadora:

a.- Añadimos el agua y el aceite. Metemos la amasadora y comenzamos a mezclar bien. Comenzamos a amasar durante 4 o 5 minutos, hasta que quede una masa bien formada y elástica.

b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo y añadimos la pasta de tomate, y las hojas de albahaca rotas con los dedos (para que liberen mejor sus aceites). Terminamos de amasar con las manos para incorporar estos dos últimos ingredientes. Nos quedará una masa de color rosado. Añadiendo sólo un poco de harina a la superficie de la mesa, formamos una bola con la masa y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

Amasado a mano:

a.- Mezclaremos bien el agua y el aceite con la harina y la sémola, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo y la amasamos de tal manera que vayamos incorporando aire.

Metemos las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y la dejamos caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.

b.- Una vez que la masa esté firme y manejable, añadimos la pasta de tomate y la albahaca rota con los dedos, y la incorporamos de tal manera que nos quede una masa rosada. Enharinamos ligeramente la superficie de trabajo, y formamos una bola que dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.-Pasado el tiempo de reposo, con cuidado volcamos la masa sobre una placa cubierta con papel de horno. Echamos una cucharada de aceite sobre la masa, y con los dedos vamos empujándola (sin estirar) desde el centro hasta los bordes para que se extienda sobre la superficie de la placa. Cubrimos con un paño y dejamos reposar durante 45 minutos. En este momento es cuando podemos encender el horno para precalentarlo a 250 grados.

4.- Descubrimos la masa, y presionamos con la yema de los dedos para desgasificarla. La dejamos reposar de nuevo cubierta con el paño, y en un lugar cálido durante 30 minutos.

5.- Pasado el tiempo anterior, partimos los tomatitos por la mitad y los distribuimos por la superficie de la focaccia y esparcimos un poquito de sal gorda. Bajamos la temperatura del horno a 220 grados. Vaporizamos el interior del horno con agua, y metemos la placa con la focaccia.. Dejamos que se hornee durante unos 20 minutos, o hasta que adquiera un tono dorado.

6.- Sacamos la focaccia del horno, y antes de que se enfríe la pincelamos con aceite de oliva, y espolvoreamos un poquito de albahaca picada. Dejamos enfriar sobre una rejilla para que el pan no “sude” y se ablande.

Imprimir la receta: Focaccia de Tomate

Disfrutamos de ella cubierta de berenjenas asadas y lascas de parmesano. Mis ojos no daban crédito a la cantidad que pudieron comer esos dos “encantadores” adolescentes que tengo a pensión completa.

Ya lo dice el refrán: “No hay mala cocinera, con tomates a la vera”

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