Siempre a vueltas con la luz. Y no me refiero en este caso a la del recibo, que también, sino a la luz (escasa, nula, o excesiva) de nuestras fotografías gastronómicas.

Creo no equivocarme si me atrevo a asegurar que no soy la única que pelea con la luz un día sí y otro también. Y más que una buena cámara, lo que pediría a los Reyes Magos  cada vez que voy a accionar el disparador, es la luz perfecta: tamizada, suave, sin sombras molestas, ni excesiva que me queme las fotos, ni escasa que tenga que adivinar lo que fotografío. Mención aparte merece la dichosa temperatura de color, que hará que el blanco de nuestras fotos pueda tender al azúl o al rojo.

¡Eureka! Gracias al maravilloso blog de fotografía digital dZoom, el cual sigo y con el  que aprendo más de lo que puedo asimilar, he descubierto un artefacto fantástico para solucionar, sino todos (el recibo sigo pagándolo yo), sí algunos de mis problemas lumínicos: una CAJA DE LUZ. Puede sonar a ciencia-ficción, o a algo extremadamente complicado. ¡No! Con una caja grande de cartón, papel de seda blanco, un cuter, algo de celo, y mucha maña eso sí, se puede construir una caja de luz casera, barata, y práctica.

¿Para qué sirve? Copio casi textualmente de dZoom: “Es una caja que permite que pase la luz a través de ella, actuando como difusor. Consigue convertir una luz directa, del tipo que sea, en una luz mucho más suave que no genera sombras fuertes. Bastará con contar a veces con la ayuda de un trípode, y realizar el ajuste necesario en el balance de blancos”

La primera fotografía de las naranjas sanguinas está tomada con una luz bastante potente procedente del sol, aunque en interior. Podéis utilizar también focos en caso de un día nublado o de escasa luz. Eso sí, acordaos de ajustar el balance de blancos. Esta que véis es mi caja de luz, en la cual coloqué las naranjas. Sé bien que no recibirá el premio a la mejor construcción, pero los resultados han sido bastante satisfactorios. Si queréis construir una, acudid a este enlace. Os lo contarán mucho mejor que yo.

Sólo me queda dar las gracias a dZoom (visitadlo, no os decepcionará) y convertir las naranjas en mermelada. También terminó en la caja (la mermelada, por supuesto).

…….MERMELADA DE NARANJA SANGUINA Y POMELO

Ingredientes:

1 pomelo
750 gr de naranjas sanguinas
250 ml de agua
el zumo de un limón
500gr de azúcar (aproximadamente)

1.- Pelamos el pomelo y las naranjas (sin incluir la parte blanca), y cortamos en tiritas muy finas y pequeñas la piel. Reservamos.

2.- Terminamos de pelar los cítricos totalmente, y quitamos las pepitas. Cortamos la pulpa en trozos y junto con las cáscaras reservadas, el agua y el zumo de un limón, los ponemos en un cazo y llevamos a ebullición. Dejamos que cueza a fuego medio durante al menos 30 minutos, o hasta que las pieles queden tiernas.

3.- Retiramos del fuego y pesamos la mezcla. Vamos a añadir las tres cuartas partes del peso resultante de azúcar, y volvemos a llevar a ebullición. Removemos de vez en cuando y dejamos que hierva a fuego medio durante unos 20 minutos, o hasta que la mermelada esté lista. Para comprobarlo echamos una cucharadita de mermelada en un plato y lo metemos en la nevera. Si al enfriarse se espesa y no resbala del plato, será que hemos conseguido nuestro objetivo.

Imprimir la receta:  Mermelada de naranja sanguina y pomelo

Las mermeladas de cítricos son deliciosas y encierran muchísimas posibilidades en cuanto a combinaciones: naranjas y mandarinas, mandarinas y vainilla, pomelos con azúcar moreno…
El resultado de esta mezcla en particular es una mermelada con un punto de amargor debido al pomelo, y sabor a caramelo de naranja, además de un maravilloso color coral.

Hacía muchos años que no veía naranjas sanguinas. Cuando era pequeña me fascinaban por su color misterioso. Lo mismo le pasó a Guillermo, mi hijo pequeño, que al verlas, con cara de extrañeza, me preguntó si las naranjas estaban vivas. ¡Pobres, estaban sangrando!