Y es que el pobre jengibre, bonito no es. Bueno, bien mirado, puede llegar a serlo. Todo depende de donde se le busque la belleza. Como a todo.

Esta monería que veis, es la raiz formada por rizomas de una planta originaria de Asia llamada Zingiber Officinale. Lo conocí hace bastantes años, de color salmón, en láminas finas casi transparentes, acompañando una bandeja de sushi, y con un sabor que me recordó terriblemente a la colonia Heno de Pravia que toda la vida ha usado mi madre. Me enamoré perdidamente de él, él de mi y hasta hoy.
Un proverbio indio dice que “todo lo bueno se encuentra en el jengibre”. Tanto la medicina china, como la medicina ayurvédica de la India, lo han venido utilizando desde tiempos inmemoriales. Sus cualidades van desde ser un gran aliado digestivo (evita las nauseas y los mareos), a un excelente tónico circulatorio, pasando por antiinflamatorio, febrífugo, analgésico… una joya en bruto.
En mi caso lo uso por razones diferentes. A saber:
- Nada sienta mejor para aliviar trastornos digestivos. No hace mucho deglutí, sin utilizar los dientes, un burrito, y si no fuera por el jengibre, todavía me andaría dando vueltas por el estómago.
- Cuando un avión vuela a 10.000 metros de altitud, la temperatura en el exterior puede alcanzar los 50 grados bajo cero. Al lado de las puertas, (que es donde yo voy sentadita) y si no están calefactadas, se hielan hasta los pingüinos. Una infusión calentita de jengibre y canela y ya puedes creerte que el pingüino se encontraría confortable.
- Estoy enganchada a su sabor picante, cálido, ácido y exótico. Así, sin más.
Para el verano una bebida deliciosa, fresca, sana y casera.
GINGER ALE CON NARANJA

Ingredientes:
1.- Pelamos el jengibre con cuidado. He probado diferentes métodos y el mejor con diferencia es cortar el jengibre en trozos manejables, y pelarlo con una cuchara grande. Parece raro pero funciona de maravilla. Lo cortamos en trozos pequeños.
2.- En un cazo ponemos el azúcar, el agua y el jengibre y lo llevamos a ebullición. Bajamos el fuego y dejamos que hierva suavemente durante 20 minutos. Colamos para retirar todo el jengibre. Al final debe quedar un jarabe un poquito espeso cuando se enfría.
3.- Llenamos un vaso grande con hielo y añadimos 1/4 de taza del sirope de jengibre ( o mássssssss). Rellenamos con el agua con gas y el zumo de naranja. ¡Listo!
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Para los no enganchados, y que se vayan a atrever con esta receta, id con cuidado. El sabor del jengibre impresiona la primera vez. Es definitivo: se ama o se odia. Si sois del primer grupo, NO TIREIS LOS TROCITOS DE JENGIBRE UTILIZADOS. Se rebozan en azúcar glas y se llevan al horno, hasta que se caramelicen. Se meten en una cajita bonita, y la cajita se mete en el bolso. Y se llevan a todas partes. Y pican, pero están riquísimos.












