Así es la vida

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Soy madrileña. De toda la vida. Quiero decir que nací aquí y aquí he vivido siempre. Además, soy una de esas pocas madrileñas que llaman “gatas”: padres y abuelos madrileños. Así es la vida y la geografía.

Aunque desafiando a mi linaje, me casé con un francés. Dejé de ser fiel a mis orígenes para tener hijos “gatachos” (medio gatos, medio gabachos), y eso que pasé mi adolescencia boicoteando cualquier producto que procediera del país vecino, dado el poco educado comportamiento que ellos demostraban con nuestros camiones en la frontera por aquel entonces. Así es la vida y el corazón.

Y todo esto viene a cuento ya que en toda mi existencia de cuarentañera o treintañera plus (que no cuarentona), no he visto nevar en mi ciudad natal como lo hizo hace unas semanas. Ya no vivimos en la capital, sino en un pueblo del noreste de la comunidad madrileña, precisamente donde la nieve cayó con más saña. Ese día fue un desastre para el aeropuerto, y una oportunidad de oro para todos aquellos a los que nos apasiona la fotografía. Así es la vida y la climatología.

Ayer estuve visitando el gran blog de Ana y Victor: “Caminar sin gluten”, y me maravillaron sus fotos de la nieve. Os recomiendo que lo visitéis, y veréis de lo que hablo. Realmente me inspiraron, y me animaron a mostrar las que hice aquel día. Gracias compañeros. Así es la vida y la amistad.

Un plato reconfortante, caliente y estupendo para un día de frío intenso. Dicen que mañana puede volver a nevar. ¿Qué le vamos a hacer? ¡Así es la vida!

GRATINADO CALENTITO DE CALABACINES, ESPINACAS Y ARROZ

Ingredientes:

1 taza de arroz basmati cocido
aceite de oliva virgen extra
2 dientes de ajo
2 cebollas medianas
2 calabacines grandes
750 gr de espinacas
5 hojas de albahaca fresca
250 ml de nata líquida
3 huevos
sal y pimienta
nuez moscada
almendras molidas o queso parmesano para gratinar

1.- Precalentamos el horno a 180 grados. Cocemos el arroz al dente. Podemos utilizar arroz blanco o arroz integral.

2.- En una sartén ponemos un chorrito de aceite de oliva calentándolo a fuego suave. Echamos los ajos y las cebollas picadas. Cuando estén tiernos y dorados, añadimos los calabacines pelados y cortados en rodajas finas. Subimos a fuego medio y salteamos durante unos minutos hasta que los calabacines estén dorados, pero no desechos. Sazonamos con sal y pimienta.

3.- A continuación añadimos las espinacas y salteamos un par de minutos hasta que se agachen. Se trata de “asustarlas” pero de que mantengan un color verde brillante. Picamos la albahaca y la echamos en la sartén con las verduras. Retiramos del fuego y reservamos.

4.- En un recipiente batimos los huevos y les añadimos la nata líquida, sal, pimienta y nuez moscada.

5.- En una fuente de horno, disponemos un lecho con la mitad del arroz, sobre éste las verduras, y a continuación el arroz restante. Vertemos por encima la mezcla de huevos y nata. Espolvoreamos la superficie con las almendras molidas o el parmesano, y llevamos al horno hasta que cuajen los huevos y la parte superior esté dorada.

Imprimir la receta: Gratinado de calabacín, espinacas y arroz

He utilizado un aro de emplatar para presentar el plato, y he decorado con hojitas de albahaca y almendras. Debo aclarar que fue exclusivamente para la foto. En realidad, nos servimos directamente una buena porción con un cucharón, tipo rancho cuartelero, y nos calentó el cuerpo y el alma en un periquete.

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“La maravilla de un solo copo de nieve supera la sabiduría de un millón de meteorologistas”. Sir Francis Bacon

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¡Que me den calabazas!

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Será porque pertenecer a una generación que ha crecido con semejante protagonista del concurso más popular en la televisión de aquellos años, marca mucho. O será porque de niña soñaba con una cucurbitácea tuneada en carroza por obra y gracia del hada madrina. No sé por qué será, pero siempre me maravillo ante la belleza que la naturaleza ha imprimido en una simple calabaza.

Éstas son las fotos más deslumbrantes que he encontrado en la red. Me gustaría decir que su autoría me corresponde, pero ni mucho menos es así. Doy las gracias a todos esos fotógrafos anónimos que han colaborado (sin saberlo) en este post. La belleza debería ser un bien común.

Y por si no me había bastado con limpiar los mejillones, esta semana toca pelar calabazas. Será que sufro un brote de masoquismo culinario. Pero el resultado merece la pena. Es una receta para hacer cualquier día, sencillísima, y perfecta para este recién estrenado otoño.

Utilizo una olla exprés para esta crema. Si no se dispone de ella, igualmente se puede realizar en una cacerola grande, aumentando por supuesto el tiempo de cocción.

CREMA DE CALABAZA CON ARROZ

Ingredientes:

750 gr  de carne de calabaza (ya se ha pasado el mal trago de pelarla)

1/2 litro de caldo vegetal casero

1/2 litro de leche descremada

2 cucharaditas de ras el hanout (para más información pinchar aquí). Si no disponemos de esta mezcla de especias, podemos añadir 1/2 cucharadita de canela, pero con ras el hanout resulta insuperable

Sal y pimienta (al gusto)

Arroz blanco basmati en la cantidad que nos apetezca

1.- Dentro de la olla exprés (o en la cacerola) ponemos la carne de calabaza, el caldo, la leche, las especias, la sal y la pimienta. Cerramos la olla con cuidado y dejamos que se cocine durante 6 minutos. Si lo estamos haciendo en una cacerola, hasta que la carne de la calabaza esté tierna.

2.- Con una batidora, o con la thermomix, trituramos la calabaza ya cocida con el resto de los ingredientes hasta convertirla en un puré fino.

3.- Servimos bien caliente acompañado de un par de cucharadas de arroz blanco, y espolvoreado con un poquitín de ras el hanout, o de canela.

Imprimir la receta: Crema de calabaza con arroz

Y dado que el plato es de una sencillez extrema, una idea para la presentación del mismo un poquito más elaborada.

Buscamos una calabaza bonita, del mismo diámetro de la sopera donde vayamos a presentar la crema. Cortamos la parte superior de la misma: el “sombrero” de la calabaza. Lo vaciamos hasta donde podamos de su carne. Quitamos la tapa a la sopera y la sustituimos por el sombrero adornado con unas hojas bonitas. Incluso podemos cortar una muesca en el borde lo suficientemente grande para que asome el cucharón. Me recuerda a la carroza de Cenicienta.

24 Horas en Nueva York

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Estoy de guardia. En casa. Es por la mañana y pienso dedicarme todo el día a “bloggear”

¡Riiiiiiiiiing!
¿Digame?
Te vas a México. En 2 horas.

Llego al aeropuerto, dejo mis maletas…

¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!

Olvida México. En una hora a Nueva York.

Y se iluminan mis ojos.


15.30 (hora de Nueva York, seis menos que en España): Aterrizamos en JFK después de 7 horas y 15 minutos de vuelo.

16.15: Obviando mi segundo nombre, consideran que puedo ser una tal María Martín a la que buscan, me quitan el pasaporte y me meten en la “pecera”. No sé cuanto tiempo estaré aquí. Saco mi libro y me pongo a leer: “La fuerza del optimismo” de Rojas Marcos. Falta sí me va a hacer.

17.45: Ya no soy peligrosa. Puedo entrar en el país.

18.45: El tráfico de Nueva York, tan “fluido” como siempre hace el trayecto un poquitín largo, pero al fin estoy en el hotel.

18.46: No estoy en el hotel. Me explico: cómo no contaban con que fuera yo la que viniera no tengo habitación.

19.15: ¡Ya tengo una habitación! ¡Ya tengo una cama!

19.40: Me cruzo al deli de enfrente y me compro unas viandas requetecalentadas para cenar. ¿Qué importa? Esto es Times Square.

20.45: Caigo rendida en la cama y me duermo como un ceporrillo.

02.30: Noche cerrada. Abro los ojos. ¿Esto es todo? Vuelvo a cerrarlos bien, bien fuerte. Con este método es más que posible que vuelva a quedarme dormida.

03.30: ¡Narices con el método! Mejor me pongo a leer. De nuevo aquello del optimismo.

07.20: Se me acaba el libro y mi estómago se queja. Es urgente que baje a desayunar.

08.00: En la entrada del desayuno una amable señorita me pregunta amablemente si soy “Miss Cuesta” al ver mi número de habitación. Opto por lo más simple y miento amablemente como una cosaca: “YES, I AM Miss Cuesta”.

08.45: Me lanzo a la calle. Quiero ir a un supermercado de productos biológicos que se llama “Whole Foods Market”. La variedad y calidad de los productos es una maravilla, y del que, por cierto, no me llevo ningún tipo de comisión. Lo prometo.

09.30: Después de atravesar una marea de gente por la 7ª Avenida (¿Por qué todas estas personas se empeñan en ir en sentido contrario al mío?) llego al super. Me deleito delante de las estanterías como en el mejor museo neoyorquino. Salgo con la cesta llena y la tarjeta de crédito temblando.

13.05: La mañana se pasa en un abrir y cerrar de ojos paseando por Manhattan. Con este sol de primavera recorrer esta ciudad es todo un placer. De nuevo en la habitación doy buena cuenta de la ensalada que compré en el super: lechuga, fresas, almendras y queso de cabra ¡Una delicia! Hasta las tres tengo tiempo para descansar y meter arroz salvaje, piñones, cuscus israelí, guisantes secos, infusiones de jengibre y otras cosillas en la maleta.

15.30: No vuelvo a comprar tanto. Prácticamente me he tenido que sentar sobre la dichosa maleta para poder cerrarla.

16.30: El autobús nos espera. Volvemos al aeropuerto. Y prefiero no contarle a nadie que he pasado la mañana admirando coliflores y arroces de un supermercado de Nueva York.

Receta “tuneada” impunemente de 101 Cookbooks y realizada con el contenido de la maleta.

ENSALADA DE ARROZ SALVAJE Y ESPÁRRAGOS

Ingredientes:

1 taza de una mezcla de arroz integral y arroz salvaje
1 manojo grande de espárragos verdes
1/2 de taza de granos de maíz
1/2 de taza de guisantes secos
1 huevo

Para el aliño:

3 cucharadas de aceite de oliva virgen
1 cucharada de zumo de limón
1/2 diente de ajo picado
1/4 de taza de almendras en polvo
sal
pimienta
unas ramitas de cebollino fresco

1.- Cocemos el arroz, a ser posible en caldo vegetal. Para este tipo de arroz es mejor echar un poco más de líquido y dejarlo cocer hasta 40 minutos a fuego muy suave y tapado.

2.- Cocemos los espárragos al vapor hasta que queden al dente. Los cortamos en trozos pequeños, descartando las partes más duras. Cocemos los guisantes hasta que queden tiernos. Cocemos los huevos y los cortamos en cuartos.

3.- Preparamos el aliño: Batimos el aceite junto con el zumo de limón. Le damos un buen golpe al ajo con un cuchillo y después lo picamos muy menudo. Añadimos al aliño, así como las almendras en polvo. Sazonamos con sal y pimienta al gusto.

4.- En una ensaladera ponemos todos los ingredientes sólidos ya fríos reservando el huevo para decorar. Añadimos el aliño, mezclamos un poquito y decoramos con los huevos y el cebollino picado.


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“La vacuna más eficaz es la fuerza del optimismo” Luis Rojas Marcos.

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