Fotografía culinaria IV, SEGUNDA PARTE: Pequeños trucos para que todo parezca mejor y siga siendo comestible

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Algunos trucos útiles para continuar con la serie iniciada en el post anterior: “Pequeños trucos para que todo parezca mejor y siga siendo comestible I”

Atención a los detalles

Hay platos que, como algunas personas, no es que no estén ricos, es que son poco fotogénicos. Ya sea por su color, por su textura, o por su extrema sencillez… se resisten a ser fotografiados con éxito. Todo cambia si le añadimos un pequeño toque de color, o simplemente algo “atractivo”. Aunque no necesariamente vayan con el plato, unas hierbas frescas, un poquito de pimienta molida, alguna especia, o una rodaja de limón pueden obrar maravillas. Probad a fotografiar por ejemplo un guacamole… complicado sin un bonito recipiente y algún tipo de aderezo, como una rodajita de lima.

Tarta espinacas

Rellenos falsos

Acabamos de cocinar un maravilloso estofado, o bien una crema de verduras con un poquito de arroz como guarnición, nos han quedado fantásticos, pero en el momento de hacer la fotografía, el arroz se hunde y no se ve, los trozos de carne o verduras no quedan realzados… o simplemente queremos que algo sobresalga del resto para ponerlo de relieve. Podemos “rellenar” el recipiente con una taza invertida si es grande, o simplemente con “alzadores” de papel de aluminio debajo de la comida, si es más pequeño, como un plato. Nos ayudarán a conseguir la estructura que nos gusta.
La siguiente foto no es ninguna maravilla, pero es buen ejemplo de lo anterior. Debajo del copete de arroz, había una base de papel aluminio para impedir que se hundiera en la crema. No fui capaz de hacerla de otra manera…

DSCF0009_2_marked

Asados dorados
Es muy sencillo utilizar una antorcha de cocina (como las usadas para hacer el caramelo de la crema catalana) para darle un toque final “dorado” a aquello que nos convenga y donde consideremos conveniente. ¿Un pollo asado un tanto descolorido justo en el ángulo ideal para la foto? Un toquecito de antorcha y a correr.

Bocadillos, sandwiches o hamburguesas
Para hacer que un bocadillo, sandwich o hamburguesa quede más esponjoso, no aplaste el relleno, y en la foto se vean bien los ingredientes del interior, no hay nada más fácil que unos palillos pinchados en la parte central que “sujeten” la tapa. Eso sí, antes de zamparse el bocata, obligatorio quitar los palillos…

TUNA SANDWICH

El humo
Querer fotografiar el humo que desprende la comida no es nada sencillo, pero un plato de sopa humeante es mucho más sugerente que el que no lo tiene.
En mi caso he probado a calentar en el microondas bolas de algodón empapadas de agua, y situarlas detrás del plato para que no se vean (las bolas, pero sí el humo). He utilizado también varitas de incienso escondidas. Es un verdadero problema, porque el humo de las varitas es demasiado “definido” y no queda natural, por lo tanto hay que soplarlo suavemente al tiempo de hacer la foto. De momento no tengo una cara tan grande como para soplar con la boca en un sitio y mirar con el ojo por otro muy alejado…
Es más fácil de cualquier manera conseguir fotografiar el humo si se hace delante de una superficie oscura, y con la ventana abierta para que entre aire frío (siempre que sea invierno, claro).
Ante todos estos problemas he encontrado la solución ideal (muchos me acusaran de tramposa sin escrúpulos): los pinceles de photoshop. Los hay maravillosos. Se estampan sobre la foto, se difuminan un poco, se les baja la opacidad y ¡listo!

Infusión con humo

Estoy convencida de que hay muchos más trucos por ahí esperando ser revelados, por favor, no dudéis en sugerirlos en los comentarios, o publicar un post con los vuestros. A mi me servirían de gran ayuda.

Otros posts de la serie fotografía culinaria:

Fotografía culinaria I: ¿Qué vamos a fotografiar?

Fotografía culinaria II: A vueltas con la composición

Fotografía culinaria III: Equipo simple, pero eficiente

Fotografía culinaria IV, primera parte: Pequeños trucos para que todo parezca mejor y siga siendo comestible

Para todos aquellos interesados en el extraordinario mundo de Photoshop, y que como yo al principio no sabían ni por donde empezar, va dedicada la próxima entrega:

¿Y ahora como arreglo el estropicio? Photoshop, programas de edición de imágenes.

Fotografía culinaria IV, primera parte: Pequeños trucos para que todo parezca mejor, y siga siendo comestible

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Esta es “la cuarta entrega, primera parte” de una serie de posts dedicados a la fotografía culinaria. Como ya conté anteriormente, no pretendo dar lecciones a nadie, simplemente compartir lo aprendido en dos largos años de “vicio fotograferil”. Y sin más preámbulos…¡truquemos un poquito!

Siempre que cocino intento hacerlo con esmero y amor por dos sencillas razones. La primera: siento un enorme respeto por aquello que nos nutre a mi familia y a mi. La segunda: disfruto comiendo, como una loca. De nada me sirve un maravilloso asado con restos de betún marrón para que parezca más dorado, una jugosa y fresca ensalada con aderezo de glicerina, ni un refrescante helado con relleno de puré de patatas. ¡Qué nadie se asombre! Todos estos “trucos” son de los más sencillos de entre las mil artimañas con las que cuentan los estilistas profesionales de la fotografía gastronómica. El simple hecho de realzar el color de un gazpacho con colorante rojo por ejemplo, es tan inocente como un juego de niños.

Sin llegar tan lejos, de vez en cuando no está mal contar con alguna inofensiva argucia para que nuestras fotografías gastronómicas queden más bonitas y sugerentes. Los dos primeros de los siguientes “trucos” están basados en el sentido común, aun así, entono el “mea culpa” y reconozco haberlos olvidado algunas veces.

Todo listo antes del disparo final.

La fotografía gastronómica no es fácil. Se dispone, muchas veces, de poco tiempo. Casos complicados hay muchos, a saber: decoraciones de chocolate que se estropean con el calor, nata que se desmonta en un verano de justicia, verduras frescas que se quedan mustias en un santiamen, crujientes fritos que al cabo de un rato tienen un sospechoso aspecto grasiento, el helado que gotea sin parar… y entre los casos más curiosos esta éste: ¿Por qué se ve en la foto que el filete se ha quedado “tieso” tras media hora de esperar en el plato a ser fotografiado? o bien ¿Quién ha sido tan valiente de intentar fotografiar un soufflé?

Cupcake choco con letras

Solución: tenerlo todo listo antes de llevar al “protagonista” a escena. Tendremos preparado el escenario, el atrezzo (es decir, todas aquellas pequeñas cosas que complementan la foto: cubiertos, platos, vasos, servilletas, trapos, flores, manteles, lo que sea), la luz preparada, el trípode y cámara en su lugar, y si es posible utilizaremos un sustituto lo más parecido posible (en cuanto a color y tamaño) a lo que vamos a fotografiar. Haremos unas cuantas tomas para medir luz, corregir encuadre, y ver si todo está en su sitio. Cuando estemos satisfechos será el momento de la fotografía “de verdad”.

Mirar y ver, ver y mirar.

Me ha pasado más de una vez, que al hacer un retrato en exteriores, estaba tan pendiente de la persona a fotografiar, que por mucho que hubiera mirado no he visto ese cubo de basura tan decorativo que había detrás, o la camioneta destartalada que estaba a punto de pasar…

Antes de disparar debemos comprobar que todo lo que vayamos a utilizar esté libre de manchas o huellas de cualquier tipo, los platos, vasos o cubiertos secos y limpios. Puede ser que detrás de la cámara no lo veamos, pero en la fotografía final parece que alguien ha puesto una lupa a propósito, o un dedo acusador señalando el despiste. En la siguiente foto hay un fallo, a mi entender garrafal, del que sólo me di cuenta una vez editada y publicada en flickr… ¡¡¡ una de las ramas de olivo está al revés!!!

Verde. Plata. Olivo

En este sentido también es bastante conveniente que sirvamos la comida que vayamos a fotografiar en el último momento, y en el plato o fuente ya colocado en su sitio final para no volver a moverlo. Más de una vez he servido una sopa o crema en un plato, lo he llevado al “escenario” de la foto, y al moverlo han aparecido unos rebordes horrorosos difíciles de eliminar.

Caliente y frío

Un truco sencillo para hacer que un plato parezca caliente y recién hecho es untarlo con un poquito de aceite vegetal. Unos tomates asados por ejemplo, que se han sacado del horno hace un rato y comienzan a secarse, quedarán perfectos con una capita de aceite de oliva, y darán la sensación de “calor”.

Por el contrario, nada mejor que pulverizar agua sobre un alimento para que parezca más frío, más fresco. ¿No es cierto que ante la foto de una bebida refrescante, con sus gotas de agua resbalando por la botella, estamos seguros de que acaba de salir de la nevera? Si vamos a fotografiar una ensalada, por ejemplo, podemos probar a hacer la foto sin aliñarla y pulverizando un poquito de agua sobre ella. En cambio, si queremos que en nuestra fotografía, queden bien definidos dorados “chorretones” de aceite de oliva, por favor, olvidad lo del agua…

Cerezas corregidas

Otros posts de la serie fotografía culinaria:

Fotografía culinaria I: ¿Qué vamos a fotografiar?

Fotografía culinaria II: A vueltas con la composición

Fotografía culinaria III: Equipo simple, pero eficiente

Continuará…

Fotografía culinaria III: Equipo simple pero eficiente

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Esta es “la tercera entrega” de una serie de posts dedicados a la fotografía culinaria. Como ya conté anteriormente, no pretendo dar lecciones a nadie, simplemente compartir lo aprendido en dos largos años de “vicio fotograferil”. Y sin más preámbulos…¡equipémonos!

Coulant de chocolate 2

Más de una vez me han preguntado qué tipo de cámara sería conveniente tener, o bien de qué equipo básico disponer. Cuando empecé a hacer fotografía gastronómica, al inicio del blog, contaba única y exclusivamente con una compacta digital, y mi antigua réflex más propia de un museo de antigüedades. Poco a poco, y sin grandes dispendios, me fui haciendo con un equipo muy simple, de aficionado, nada profesional, pero que, particularmente, me resulta eficiente. No quiero decir con esto que no me gustaría ir adquiriendo nuevos elementos con los que ampliar el equipo.

Equipo básico:

Cámara digital y objetivos:

Mi cámara es una Nikon D60. Tengo dos objetivos, uno de 18-55 mm y un teleobjetivo 70-300mm. Me gustan las tomas gastronómicas con el “tele”, lo que hace imprescindible el uso de un trípode. Es una cámara sin complicaciones, no es excesivamente cara, y se ajusta a lo que de momento necesito. De cualquier manera, señores de Canon, suspiraría por una Canon EOS 550D… ejem!!

Trípode:

En el caso de la fotografía culinaria, tan necesario su uso como el de la propia cámara. Las tomas interiores, aunque cerca de la luz natural, obligan a utilizarlo para asegurarnos que no queden “movidas”. La comida o el plato preparado no se va a mover, pero si la exposición es necesariamente un poco larga, nuestro pulso seguro que falla.

Vale la pena invertir en un buen trípode que soporte peso, y que sea muy estable. ¡¡No hay nada menos agradable que disparar y ver como “rebota” la cámara!

Reflectores:

No hay nada tan importante en fotografía como la luz. Me gustan las fotografías hechas con luz natural, suave y matizada. Los reflectores son esos artilugios que ayudan a disminuir las sombras duras y a eliminar aquellas que no lo son tanto, además de reflejar más luz, lo que nos ayudará a la hora de la toma. Existen reflectores de diferentes tamaños, tipos y colores.

En mi caso utilizo tecnología punta: un par de cartulinas blancas. Bien colocadas obran milagros.

Mini estudio

Caja de luz:

Una caja de luz es una especie de cubo, generalmente flexible, que permite que pase la luz, consiguiendo tamizar y hacer mucho más suave la luz que entra, ya sea natural o procedente de focos. Su uso, además de práctico, es muy recomendable. Con ella podemos crear una especie de mini-estudio, que nos dará muy buenos resultados. Podéis ampliar la información en este blog.

Mi relación con las cajas de luz ha sido turbulenta. En un primer momento construí una caja de luz casera, y al cabo de un tiempo la quemé, no intencionadamente, pero la quemé. Ahora dispongo de una “caja de luz” un tanto peculiar: una caseta para perros de Ikea. Tengo que reconocer que es demasiado profunda, pero hasta hacerme con una “de verdad” me arreglo con ella.

Caja de luz

Focos:

Existen de todos los tipos, tamaños y precios. No quiero mentir y decir que no me gustaría tener uno, o varios. En realidad es el próximo elemento que me gustaría añadir a mi equipo. De momento utilizo la luz natural.

Como aficionado, y para comenzar, creo que es más importante tener 3 o 4 elementos básicos y poner toda la atención en la composición y el uso de la luz. Pero es cierto, que en este, como en otros campos, existe una oferta tan amplia, y una voluntad tan débil, que el bolsillo puede vaciarse en menos de lo que se tarda en hacer “clic” con la cámara.

Próxima entrega: Pequeños trucos para que todo parezca mejor, y siga siendo comestible.

Anteriores posts de la serie fotografía culinaria:

Fotografía culinaria I: ¿Qué vamos a fotografiar?

Fotografía culinaria II: A vueltas con la composición

Fotografía culinaria II: A vueltas con la composición

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Esta es “la segunda entrega” de una serie de posts dedicados a la fotografía culinaria. Como ya conté anteriormente, no pretendo dar lecciones a nadie, simplemente compartir lo aprendido en dos largos años de “vicio fotograferil”. Y sin más preámbulos…¡continuemos!

Una vez que sabemos qué es lo que vamos a fotografiar y cuáles son los elementos que hemos elegido para nuestra imagen, la siguiente incógnita que se nos plantea es cómo distribuirlos entre las cuatro líneas que delimitarán la fotografía, para que resulte lo más interesante posible. Es decir, estaremos decidiendo su composición.

Existen una serie de reglas de composición fotográfica, las cuales, como casi todas las reglas, es divertido saltarse, pero lo que está claro, es que si las seguimos, nuestras fotos darán un resultado más atrayente y equilibrado. Personalmente prefiero recurrir a algunas de ellas y así disponer de ciertas garantías ¿Cuáles suelen dar buen resultado en el caso de la fotografía culinaria?

Simplicidad

Mejor más cerca

Crear espacio alrededor de la comida

Regla de los tercios

Regla de los impares, el tres.

Repetición de elementos, siendo uno diferente


Simplicidad: Como ya comentábamos en el post anterior, es mejor utilizar pocos elementos y bien situados, que muchos y mal puestos. No hay que olvidar que la atención debe dirigirse al elemento protagonista, que es el plato preparado. Tengo unos cuantos libros de cocina con bastantes años a sus espaldas, en los que hay que “suponer” cual es el plato fotografiado, y cuales los “adornos”.

Mejor más cerca: Ante la duda, más cerca. De esta manera rellenamos el encuadre, identificamos el foco de atención, y encima mostramos los sueltecitos que nos han quedado los granos de la paella. Lo que no impide que sea importante la consideración siguiente:

Crear un espacio alrededor de la comida: Tampoco es conveniente ahogarla. Si creamos un espacio alrededor, ayudaremos a enmarcarla de manera natural, y a identificar de que plato se trata. De cualquier forma prefiero fotografiar el plato desde ángulos y perspectivas diferentes y ver después cual se adapta mejor a lo que quiero contar.

En el ejemplo siguiente podemos ver en la práctica la aplicación de las reglas anteriores.

Mortero con nueces

La regla de los tercios: Fácil y tremendamente resultona. Si dividimos nuestra fotografía en tres partes iguales, tanto vertical como horizontalmente, nos vamos a encontrar con los cuatro puntos y lineas que más atraen la vista dentro de la foto. Ahí es precisamente dónde podemos situar el foco de atención de nuestra fotografía. Es mucho más fácil verlo en un ejemplo:

Regla tercios

Cuando accionemos el disparador, hagamos una esquema mental de esta distribución, y coloquemos aquello que queramos destacar haciéndolo coincidir con uno de estos cuatro puntos o lineas destacados. También podemos, cuando editemos la foto más tarde, recortarla para corregir el encuadre.

Resulta increíble, una vez que se conoce, comprobar cuántas buena fotografías de grandes profesionales se han compuesto siguiendo la regla de los tercios.

La regla de los impares: Funciona, de verdad. A la hora de fotografiar más de un elemento, mejor contar con un número impar de ellos. Tres es un número perfecto (por eso tuve tres hijos, para que me quedaran monos en las fotos… es una broma eh???) No hay mejor demostración que hacer la prueba. Es más atrayente estéticamente una fotografía con 3 naranjas, que con 2 o 4.

Naranjas sanguinas

La repetición de elementos, siendo uno diferente: Podemos reunir dentro del marco natural que supone nuestra fotografía una serie de elementos iguales. Nos dará una idea de grupo y composición interesante, e incluso de “textura”. Si dentro de ese grupo, hay un elemento diferente, la fotografía ganará en atracción. La vista, irremediablemente, se dirigirá al “intruso”. En el siguiente ejemplo podemos comprobar como, sin casi darnos cuenta, nuestra vista se dirigirá al tomate “diferente”.

Tomates

Estos son sólo unos ejemplos que particularmente me funcionan bien al “componer” una fotografía gastronómica. Como siempre, y por supuesto, la creatividad no está al servicio de las reglas sino al contrario. Lo que quiere decir, que saltárnoslas puede dar muy buenos resultados.

Por cierto, si queréis “firmar” la foto, la esquina inferior derecha es el lugar perfecto para hacerlo. Cuando miramos una imagen nuestra vista “terminará” de verla justo en ese punto. Esto tiene que ver con la manera en la que leemos : de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Si queréis comprobarlo mirad en cualquier anuncio que encontréis en una revista, dónde pone su nombre la agencia de publicidad que ha realizado el anuncio, o bien la empresa que lo encarga.

Siguiente entrega: ¿Con qué vamos a fotografiar? EQUIPO FOTOGRÁFICO SIMPLE PERO EFICIENTE.

Fotografía culinaria I: ¿Qué vamos a fotografiar?

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Esta es “la primera entrega” de una serie de posts dedicados a la fotografía culinaria. Como ya conté anteriormente, no pretendo dar lecciones a nadie, simplemente compartir lo aprendido en dos largos años de “vicio fotograferil”. Y sin más preámbulos…¡empecemos!

Lo primero a tener claro es QUÉ es lo que vamos a fotografiar, y aunque parezca una obviedad, no lo es.

Tenemos un elemento principal: la comida o alimento protagonista de nuestra foto. ¿Qué hacemos con él? ¿Lo acompañamos con algo? ¿De qué?… Evidentemente podemos realizar una foto colocando un elemento simple en medio de una superficie blanca y disparando la cámara. Pero si queremos que la foto, además de buena, gane interés, podemos tener más aspectos en cuenta.

Lo más importante es mantener en mente que la atención del que ve la foto debe dirigirse al elemento protagonista de nuestra foto, y en nuestro caso, debe querer comérselo o prepararlo. ¿No es cierto que cuando ojeamos un libro de cocina tendemos a querer preparar aquellas recetas acompañadas de una fotografía bonita e interesante? Con una buena fotografía el alimento nos parecerá mucho más apetecible o  mejor cocinado ¡y sin haberlo probado!

Cuando empiezo a planear una foto sobre una comida que prepararé, o que acabo de preparar, lo primero que me planteo es qué me sugiere esa comida, cual es el tema que envuelve o envolverá dicha comida. ¿Es un tipo de comida familiar, de diario o bien es una comida más elaborada o refinada para una ocasión especial? ¿Es algo que se puede comer distendidamente con las manos o exige una cierta etiqueta? ¿Es un plato ligero y sin complicaciones, o decadente y exquisito? ¿Es una receta típica de un país o lugar determinado? ¿Hay algún ingrediente realmente característico?…

Tomemos como ejemplo la siguiente foto de un salmorejo cordobés.

Salmorejo 2

Cuando hice esta foto acababa de llegar de Córdoba. Allí comimos un salmorejo impresionante, además de pasear por los preciosos patios cuajados de flores. Cuando me dispuse a fotografiar mi salmorejo, lo primero que se me vino a la cabeza fueron las flores y el ambiente andaluz. Por eso lo acompañé de flores rojas, sobre una superficie de madera, y con unos colores que sugieren claramente los de Andalucía: el blanco y el verde. La cuchara, también de madera y la tostada al lado, nos invitan a probarlo inmediatamente.

Es importante que aquellos accesorios que utilicemos para dar interés no sean o los hagamos “tan” interesantes que desvíen la atención del elemento principal. Es más sencillo utilizar pocos elementos pero bien elegidos, que un sinfín de complementos que distraigan la atención. Es una buena idea tener papeles de diferentes colores o motivos para utilizar como fondo, y como no vamos a comprar juegos de platos o de cubiertos cada vez que queramos hacer una foto, podemos adquirir “un” plato, “un” vaso, “una” cuchara… que nos gustan y al cabo del tiempo hacernos con un buen surtido que utilizar en nuestras composiciones.

Papeles

Otro aspecto a tener muy en cuenta es el color. Cuando estudiaba en la facultad, en la asignatura de arte, solíamos preparar tarjetas de colores que combinábamos para crear conjuntos cromáticos que nos resultaran interesantes o sugerentes. Todavía los recuerdo, y son verdaderamente útiles.

Normalmente me gusta contrastar los colores de los elementos de la fotografía con el elemento principal, eso hace que la atención se fije en el alimento a destacar. Acudiendo de nuevo al ejemplo de la imagen anterior, quise destacar el color rojo del salmorejo contrastándolo con el fondo verde del plato, complementándolo con otros colores más neutros como el marrón de la madera o el blanco del bol.

También podemos utilizar la misma gama de colores con distintos matices para crear una foto armónica y agradable, como en esta foto con distintos “rojos”.

Bundt cakes de grosellas

Otras veces prefiero utilizar exclusivamente un fondo blanco o negro para crear un espacio “vacio” y de nuevo llamar la atención sobre aquello fotografiado. El negro es un color complicado, ya que enseguida aparecen brillos o reflejos indeseados. Es un buen truco utilizar un fondo de terciopelo o fieltro negro, funciona bastante bien.

Cuernos de gacela

Me gustaría terminar con otro ejemplo bastante claro:

Esta es una foto de un cupcake con crema de merengue y mantequilla a la vainilla.

Cupcake con crema de vainilla

Evidentemente es un dulce más complicado y especial, incluso un poco “barroco”. Utilicé como fondo un papel azul contrastando con el amarillo suave de la crema, con motivos bastante elaborados en tonos dorados . El plato, aunque de un color blanco roto  neutro, combina el diseño de suaves ondas con el fondo y el cupcake. La vara de vainilla nos da una idea de uno de los ingredientes del dulce. Creo que es una foto sencilla, pero agradable y armoniosa.

Espero que todo esto os pueda dar alguna idea que os guste u os inspire. No soy más que una aficionada loca por la fotografía, por lo que si tenéis cualquier tipo de sugerencia o duda, por favor dejadme un comentario o mensaje.

En el próximo post: A VUELTAS CON LA COMPOSICIÓN.

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