Una ardilla de Alalpardo se cuela en el blog

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El otoño es una de mis cuatro estaciones favoritas. Tenía pensado un precioso texto sobre el otoño. Unas bonitas y románticas palabras, unas inspiradas frases sobre sus colores, su luz y su personalidad…

Pero se me ha colado una intrusa en el blog, así que he optado por dejar hablar a las imágenes que dicen que valen más que cienes y cienes de palabras…

Pincha aquí si quieres oir el testimonio de una ardilla alalpardeña, aunque yo no le haría ni caso, los de este pueblo estamos todos locos.

Sólo una pequeña broma, para darle vidilla al blog, que con tanto azúcar me estaba empezando a empalagar.

La fougasse es un pan especial. Es sencillo de realizar, delicioso: crujiente y tierno, creativo y sobre todo muy, muy bello. Los comensales quedan impresionados cuando ven una fougasse, sin saber lo fácil que ha sido realizarla.

FOUGASSE

Se pueden utilizar diferentes masas de pan. A mí me gusta la masa de aceite de Richard Bertinet para esta receta. En el tiempo de levado he incluido alguna variación.

Ingredientes:

500 gr de harina de fuerza

20 gr de sémola gruesa

15 gr de levadura fresca

1 cucharadita de sal

50 gr de aceite de oliva virgen extra afrutado

320 ml de agua

harina de maíz (para espolvorear sobre la fougasse antes de hornear)

1.- En una ensaladera grande colocamos la harina de fuerza, la sémola (que dará una textura más crujiente a la fougasse en su interior), y la levadura. Frotamos con las manos hasta integrar la levadura con la harina y la sémola. Añadimos la sal y mezclamos con las manos. Precalentamos el horno a 250 grados centígrados.

2.- Con amasadora:

a.- Añadimos el agua y el aceite, y comenzamos a mezclar bien con la amasadora. Amasamos durante 4 o 5 minutos, hasta que quede una masa bien formada y elástica.

b.- Sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y terminamos de amasar con las manos. Formamos una bola con la masa y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

2.- Amasado a mano:

a.- Mezclaremos bien el agua y el aceite con la harina y la sémola, y ayudándonos de una rasqueta sacamos la masa a la superficie de trabajo ligeramente enharinada y la amasamos de tal manera que vayamos incorporando aire. Metemos las manos por debajo de la masa con los pulgares por encima, y la dejamos caer sobre la mesa al mismo tiempo que sujetamos un extremo, de tal manera que podamos doblarla sobre sí misma. De esta manera vamos incorporando aire, y comenzará a volverse elástica y moldeable.

b.- Una vez que la masa esté firme y manejable, formaremos una bola con ella y la dejaremos reposar durante una hora en un recipiente enharinado, cubierta y en un sitio cálido.

3.- Pasado el tiempo de reposo, volcamos la masa sobre la superficie de trabajo y la desgasificamos apretándola con los puños, y le damos a la masa forma de disco plano. Una vez hecho esto la trasladamos a una placa cubierta con papel de horno.

4.- Con una paleta de plástico duro, o con un cuchillo bien afilado, realizamos unos cortes en la masa asegurándonos de llegar hasta la superficie de trabajo. En este caso yo he realizado unos cortes en forma de estrella, pero podemos utilizar otro diseño. Eso sí, más valen pocos cortes y claros, que un complicado dibujo que se pierda cuando leve el pan.

5.- Con las manos abrimos los cortes para que se ensanchen. Dejamos levar la masa durante 30 minutos. Una vez terminado el levado espolvoreamos con harina de maíz, de un bonito color amarillo.

6.- Bajamos la temperatura del horno a 220 grados. Vaporizamos el interior del horno con agua para que se forme una corteza crujiente y metemos inmediatamente la placa con la fougasse dentro. Dejamos que se hornee de 12 a 14 minutos, hasta que adquiera un bonito tono dorado.

Imprimir la receta: Fougasse

Ya sé hacer fondant. O casi…

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Heme aquí.

De nuevo.

Sola frente a montones de azúcar glas y nubes de colores.

Mi hijo pequeño se declara en huelga (cual azafata de compañía aérea) y se niega a separar más nubecitas en dos montones. Alega que cada vez le planto más nubecitas delante, que no le dejo comerse ni un mísero cachito, y que encima su paga mensual de 2 euros lleva congelada más de cuatro años. Se me rebela el personal.

Echo de menos esa salivilla que dejaba al chuparse los deditos, pero debo reponerme y busco inmediatamente una solución: nubecitas exclusivamente blancas. ¿Dónde encontrarlas? Aquí, aquí y aquí.

A continuación me dispongo a relatar el método por el cual yo (y eso quiere decir que no es el único, ni posiblemente el mejor, ni probablemente el más adecuado) humilde aprendiz de fondantera (que me suena a algo muy redondo, que es como me voy a poner a este paso con tanto chute de azúcar) consigo (¡alabado sea el cielo!) un resultado bastante bueno y aceptable preparando fondant de nubes para la decoración repostera.

Mi familia, con ojos desorbitados y echándose las manos a la cabeza exclama: ¡Por Dios! ¿Otra vez vamos a comer tartas de flores? Pues sí, y al huelguista, doble ración.

Las fotos que aquí aparecen corresponden a una tarta de limón, la cual decoré con flores blancas y amarillas. La acidez del limón contrarrestaba perfectamente el dulzor del fondant. La segunda es una tarta “Red Velvet” . De color profundamente rojo en su interior quedó preciosa al cortarla y contrastar con el blanco de la cubierta.

FONDANT DE NUBES

Ingredientes y utensilios necesarios para 1 kg de fondant:

500 gr de nubes blancas

1000 gr de azúcar glas industrial

agua

margarina

1 bol grande apto para microondas

1 ensaladera

1 paleta de plástico duro

1.- Cortamos las nubes en cubitos, lo que facilitara su posterior fundido. Engrasamos con margarina el interior de un bol grande y echamos dentro las nubes.

2.- Nos mojamos las manos con agua corriente, las sacudimos un poco para evitar el exceso de agua, y revolvemos las nubes con ellas para que se humedezcan homogéneamente.

3.- En la ensaladera formamos un pozo con el azúcar glas. Es importante que el peso del azúcar sea el doble que el de las nubes. Ya lo tenemos preparado para recibir las nubes que fundiremos a continuación.

4.- Metemos el bol con las nubes en el microondas a máxima potencia durante 10 segundos. Transcurrido el tiempo, sacamos las nubes y las revolvemos un poco con una cuchara. En este punto habrán comenzado a fundirse, pero no del todo. Volvemos a meterlas otros 10 segundos, y de nuevo con la cuchara comprobamos si están más fundidas. Si sólo quedan unos pocos trocitos por fundir, no es necesario que volvamos a meter el bol, ya que con el calor que guardan las nubes y revolviendo con la cuchara terminarán por hacerlo.

Lo importante de este punto es que se fundan las nubes con suavidad, y que no alcancen una temperatura tan alta que se quemen. Lo conseguiremos si lo hacemos poco a poco, en periodos de 10 segundos, y comprobando siempre el resultado.

5.- Vertemos la masa resultante de nubes sobre el pozo de azúcar glas. Con la paleta de plástico vamos incorporando con movimientos envolventes el azúcar dentro de las nubes fundidas. Siempre vamos recogiendo azúcar de los lados y lo “cortamos” dentro de la masa. Poco a poco.

6.- LLega un momento en el que la masa no admite más azúcar. Es ahora cuando debemos volcarla sobre la encimera previamente espolvoreada con azúcar glas para poder amasarla.

7.- Nos engrasamos bien las manos con margarina y amasamos. Volveremos a untarnos las manos de margarina siempre que la masa esté muy pegajosa. Continuamos amasando con paciencia hasta obtener una textura suave, homogénea y elástica. Nos llevará unos 6 minutos más o menos.

8.- Dejamos reposar el fondant en la nevera, envuelto en dos capas de film transparente, y dentro de una bolsa con cierre. Al día siguiente ya tenemos el fondant preparado para recibir los colorantes y comenzar a trabajarlo. Me recuerda a cuando era niña y jugaba a hacer comiditas con plastilina.

Hasta aquí el proceso de “fabricación” del fondant. Para mí, lo más divertido es diseñar la tarta, mezclar colores, cortar, crear y formar la decoración, montarla, hacer que además de bonita, esté rica, para luego contemplar todo el esfuerzo invertido en crear una pequeña pieza de algo que se acerque, al menos mínimamente, a la belleza.