HEMC 31: Quinoa

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Aunque hace unos meses que no participaba en el HEMC mensual (debo reconocer que no por falta de ganas, sino de tiempo), lo he seguido, sin faltar a la cita.

hemc 31 - quinoa
Este mes, y dado que el tema propuesto es a la vez original, extremadamente sano y nutritivo, y por si fuera poco, muy versátil, no puedo dejar de estrujar la agenda, y hacer mi contribución al hemc #31.

Me gustaría, eso sí, poner mi granito de quinoa, y presentar (a quien no la conozca) la quinoa roja.

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La quinoa roja es una variedad sorprendente de la quinoa. Una de ellas, porque variedades, aunque desconocidas por estos lares, las hay.

Este grano deslumbra con su impresionante color rojizo y su sabor extraordinario que nos recuerda ligeramente a la nuez. Se cocina igual que la quinoa “blanca” y puede utilizarse en los mismos platos. La diferencia: su fantástico aspecto con el que podremos jugar visualmente. Personalmente, la encuentro más crujiente y sabrosa.

Sólo me queda agradecer a Sole de “Sole empieza a cocinar” por haber tenido la brillante idea de proponer un alimento de una calidad excelente, y de esta manera contribuir a su conocimiento.

Y ahora sí, la receta. Realizada con quinoa blanca esta vez. Igualmente deliciosa, o más si cabe, con la variedad roja.

HAMBURGUESAS DE QUINOA CON SALSA DE YOGUR

Ingredientes para 6  hamburguesas:

125 gr de quinoa
225 gr de champiñones
1 calabacín pequeño, o medio grande
1 cebolla pequeña
1 pizca de paprika
1/4 de taza de queso parmesano rallado
1 huevo
1 taza de pan rallado
aceite de oliva
sal
pimienta

Ingredientes para la salsa de yogur:

1 yogur natural
2 cucharadas de perejil picado
1 cucharadita de hierbabuena picada
1 diente de ajo
1 cucharada de alcaparras

1.-Picamos los champiñones y el calabacín en trocitos pequeños. Colocamos todo en un plato llano, y con papel de cocina, presionamos para absorber la humedad. Reservamos.
Picamos la cebolla.

2.- Lavamos bien la quinoa, hasta que el agua salga clara. La ponemos en un cazo y echamos el doble de agua. Llevamos a ebullición. Bajamos el fuego, tapamos y cocinamos hasta que la quinoa quede tierna, pero todavía crujiente. Debe haber absorbido todo el agua.

3.- Mientras tanto en una sartén grande ponemos a calentar unas cucharadas de aceite de oliva y ponemos a dorar la cebolla, hasta que quede transparente. Añadimos la mezcla de champiñones y calabacín. Sazonamos con la pizca de paprika ( o más si nos gusta más picante), sal y pimienta. Dejamos al fuego hasta que calabacines y champiñones estén tiernos. Retiramos del fuego. Reservamos.

4.- En una ensaladera mezclamos las verduras reservadas y templadas, la quinoa, el parmesano rallado, el huevo batido y el pan rallado. Probamos y corregimos el punto de sal.  Metemos toda la mezcla en el frigorífico durante 1 hora.

5.- Preparamos la salsa de yogur. En un bol grande batimos el yogur, y le añadimos el perejil y hierbabuena picados, el ajo y las alcaparras picados también, sal y pimienta al gusto. Reservamos para servirla luego junto con las hamburguesas.

6.- Formamos las hamburguesas con cuidado. En una sartén grande ponemos un chorrito de aceite de oliva, y las doramos en él por los dos lados (unos 3 minutos por cada lado) hasta que queden muy crujientes.

7.- Podemos acompañar de un bollito de pan, o tomarlas solas junto con la salsa de yogur y una ensalada de pepino y tomate.

Imprimir receta: Hamburguesa de quinoa

Posiblemente la quinoa llegue a ser uno de los alimentos del futuro. Y si alguien tiene curiosidad por alguna otra receta, aquí está la siguiente. ¡Qué lo disfruten ustedes!

En el centro está la virtud

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Corría el mes de diciembre del año 2008 (como quien dice hace dos telediarios), cuando en un ataque “servilleteril” de primera magnitud, se me ocurrió iniciar en este blog una nueva sección: “Cómo decorar la mesa sin dejarse un dineral en el intento”.

En aquella fiebre pasajera, aprendí más de diez plegados distintos de servilletas (por cierto, que uno de ellos, el de abanico, podéis observarlo en la foto de más abajo), muy monos todos . Es fácil, es barato y es divertido. Y yo me pregunto… ¿Es útil?

Harta ya de tanto pliegue, y tras dar la tabarra a familia, amigos y compañeros con semejante habilidad, con el cambio de estación, nada mejor que encaminar el interés hacia otra parte de la mesa. Y como una se empeña en buscar el equilibrio allá donde vaya, nada mejor que centrarse en el centro. El de la mesa.

 

 

(Vaca del Paseo de la Castellana, en Madrid, fotografiada por Guillermo, y tuneada en cartel primaveral por la autora de estas lineas)

Reunirse en torno a una mesa para celebrar, para comer, junto con la familia o los amigos, es una actividad sumamente reconfortante. No sólo se comparten alimentos, sino momentos gratos, experiencias y calidez humana. Es acogedor y agradable para todos una mesa bonita, cuidada y arreglada con el corazón, más que con el bolsillo.

Una de las mejores actividades para practicar la austeridad y combatir la archiconocida crisis es invitar en casa a aquellos con los que queremos compartir nuestros platos favoritos. Con mucho cariño. (Lo que mis hijos adolescentes, tan adorables ellos,  llamarían filosofía “Happy Flower”)

Un centro de mesa colorido, natural, y sobre todo barato. Y lo bueno, es que una vez terminada la comida, puede servirnos de postre.

CENTRO DE MESA CON PORTAVELAS DE MANZANA

 

 

Necesitamos:

Manzanas de diferentes colores

Ramas verdes  (en este caso de jazmín)

Dos velitas pequeñas

Una fuente o plato bonito, que nos servirá de base

Para realizar el portavelas de manzana:

Utensilio para hacer bolitas de melón (Desconozco por completo el nombre exacto)

Primero fabricamos los portavelas de la siguiente manera:


Centro de mesa con portavelas de manzana from Sonia Martín on Vimeo.

A continuación no tenemos más que colocar manzanas en la fuente y sobre ellas las manzanas-vela. Situamos estratégicamente las ramas verdes, para dar color.

A tener en cuenta:

Es un centro de mesa, lo que quiere decir que habrá gente que querrá hablar y verse mientras come, por lo tanto cuidado con hacer una torre de manzanas demasiado alta. Es incomodísimo mover la cabeza de un lado a otro de la dichosa torre para hablar con el de enfrente.

En cuanto a las velas, lo mejor es que sean blancas, sin olor (de este modo no molestarán ni interferirán con los aromas de la comida) y con una base metálica, para que al fundirse no manchen las manzanas de cera.

Y un brindis por la primavera.

De Madrid al cielo

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Tres cosas tenía seguras mi abuelo en esta vida. A saber: que mi abuela preparaba el licor de anís como nadie, que nunca habría en el Real Madrid un presidente como Don Santiago Bernabeu, y que no existía huevo hilado en el mundo superior al de Lhardy. No obstante había trabajado en casa Lhardy allá por los años 20, cuando ya el restaurante contaba con casi un siglo de antigüedad.

Mi abuelo me enseñó cosas imprescindibles: que tras los calamares en su tinta de postre había que tomar papel secante, y que las lentejas si quieres las tomas y si no, las dejas. Y yo, que pertenecía a la generación del boli Bic, me preguntaba extrañada que diablos sería aquello del papel secante.

Por aquel entonces el aperitivo del domingo era un ritual sagrado. Cañas para los adultos, mirindas para mi hermano y para mí, patatas bravas para todos. Y el suelo cuajado de palillos, arrugadas servilletas de papel y restos varios en los que convenía no fijarse demasiado. Todavía no éramos europeos, después nos convertimos en ciudadanos civilizados y los bares se llenaron de papeleras.

Este es un pequeño homenaje a todos aquellos restaurantes y bares centenarios de mi querido Madrid. El del huevo hilado de mi abuelo, el de los bocatas de calamares en la Plaza Mayor, el de los callos en Ciriaco, o las largas colas en casa Labra para conseguir una tajada de bacalao, el del chocolate en San Ginés tras una noche de farra, y hasta el de los turistas japoneses amenazando a Botín con sus cámaras.

De tanto ir de acá para allá, se termina añorando aquello que siempre estuvo en la memoria.

PATATAS BRAVAS

Ingredientes:

1/2 kilo de patatas, o más, o menos. Las que tengamos a mano, vaya.
aceite de oliva virgen extra

La salsa:

4 tomates grandes maduros y rojos, o bien 8 pequeños
aceite de oliva virgen extra
1/2 cucharadita de pimentón picante
1 hoja de laurel
1 pizca de cayena
1/2 cucharadita de azúcar
sal
unas gotitas de vinagre de Jerez

1.- Rallamos la pulpa de los tomates. La reservamos. En una sartén ponemos un fondo de aceite de oliva a calentar ( fuego medio). Una vez caliente añadimos la pulpa de tomate, el pimentón, el laurel, el azúcar, la sal y la cayena.

2.- Removiendo de vez en cuando, sofreímos la salsa hasta reducirla a una tercera parte.

3.- Retiramos del fuego y añadimos el vinagre de Jerez. Si nos gusta podemos ponerle más cantidad. Si encontramos que la salsa no “bravea” lo suficiente, añadimos otra pizca de cayena. Reservamos.

4.- Cortamos las patatas en cubos. Podemos freírlas directamente en el aceite de oliva, o si no, hervirlas primero, y una vez que estén tiernas, freírlas en aceite muy caliente hasta que estén doradas. Una vez listas, salseamos y servimos.

Imprimir la receta: Patatas bravas

Acompañamos con cervezas, vermouts, vinitos… para los adultos y ¡ay! ¿Dónde habrán quedado las mirindas?

De Madrid al cielo, y en el cielo un agujerito para verlo. O la ventanilla del avión, que también vale.

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(P.D: Quiero darle las gracias a la modelo de esta foto, por guapa, y por ser mi madre)

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