Un hombre en la sombra…

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Martes, 24 de febrero de 2009

15h22

Luce un sol esplendoroso, el termostato de mi cocina marca 22 grados (sin calefacción). Debería estar fuera disfrutando de este maravilloso día, pero no. Estoy aquí. Sentado frente al ordenador, cumpliendo con la tarea que se me ha encomendado: escribir un post en un blog de cocina (Glups).

15h50

Las musas tardan en llegar. Por cierto, no soy Sonia, ni soy mujer, ni sé cocinar. A lo más que llego es a unos espaguetis o unos huevos fritos. Pero como soy hombre de palabra, voy a llevar a cabo mi misión. Vergüenza me da, viniendo de dónde vengo, no saber preparar ni escargots, ni bouillabaisse, y mucho menos la quiche lorraine. ¿Qué le vamos a hacer? Siempre he sido mejor comedor que cocinero.

16h00

Manos a la obra. Abro el frigorífico. Uuuuuuuuuuuh!!!! Sopla un viento interior cual playa normanda en una tarde de invierno. La crisis ha llegado incluso a la nevera. Localizo, no sin mucho esfuerzo, unos tomates solitarios. ¡Ya lo tengo! En honor a mi patria: Tomates à la Provençale.

TOMATES A LA PROVENZAL

Ingredientes:

4 tomates grandes o bien 8 pequeños (rojos y con sabor)
1 taza de pan rallado
3 dientes de ajo
1/4 de taza de perejil fresco picado
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
hierbas variadas a nuestro gusto, una pizca de cada: romero, tomillo, albahaca, orégano, semillas de hinojo (en la Provenza francesa utilizan incluso lavanda)
sal y pimienta negra

1.- Precalentamos el horno a 170 grados. Lavamos los tomates y los cortamos por la mitad. Los vaciamos ligeramente de semillas. Pincelamos con un poco de aceite de oliva una fuente de horno, y colocamos en ella los tomates.

2.- En un recipiente aparte mezclamos el pan rallado, los dientes de ajo muy picaditos, el perejil, las hierbas, y el aceite de oliva.

3.- Salpimentamos los tomates, y los iremos rellenando con la mezcla anterior. Llevamos la fuente al horno, y los horneamos durante 20 minutos. Deben quedar tiernos y con una corteza crujiente.

4.- Una vez servidos podemos, si nos gusta, espolvorearlos con queso parmesano rallado, y unas gotitas más de aceite de oliva. Son deliciosos acompañando un pescado, o bien como primer plato con una rodaja de un buen pan casero.

Imprimir la receta: Tomates a la provenzal

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17h00

¡Por fin he terminado! ¿A que no están tan mal? Lo que ella no sabe es que un día de éstos la pongo a escribir en el rincón tecnológico. Quien ríe el último ríe mejor.

(P.D. 1: He de ser sincero, aunque sólo sea esta vez. El post lo he escrito yo, pero los tomates los hizo ella antes de irse a destinos lejanos. Mi único cometido era escribir, pero quién se resiste a impresionar, aunque sólo sea un poquito, al personal).

(P.D. 2: Para descubrir la identidad del hombre en la sombra, pasa el cursor sobre la primera foto).

Fotografiando naranjas

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Siempre a vueltas con la luz. Y no me refiero en este caso a la del recibo, que también, sino a la luz (escasa, nula, o excesiva) de nuestras fotografías gastronómicas.

Creo no equivocarme si me atrevo a asegurar que no soy la única que pelea con la luz un día sí y otro también. Y más que una buena cámara, lo que pediría a los Reyes Magos  cada vez que voy a accionar el disparador, es la luz perfecta: tamizada, suave, sin sombras molestas, ni excesiva que me queme las fotos, ni escasa que tenga que adivinar lo que fotografío. Mención aparte merece la dichosa temperatura de color, que hará que el blanco de nuestras fotos pueda tender al azúl o al rojo.

¡Eureka! Gracias al maravilloso blog de fotografía digital dZoom, el cual sigo y con el  que aprendo más de lo que puedo asimilar, he descubierto un artefacto fantástico para solucionar, sino todos (el recibo sigo pagándolo yo), sí algunos de mis problemas lumínicos: una CAJA DE LUZ. Puede sonar a ciencia-ficción, o a algo extremadamente complicado. ¡No! Con una caja grande de cartón, papel de seda blanco, un cuter, algo de celo, y mucha maña eso sí, se puede construir una caja de luz casera, barata, y práctica.

¿Para qué sirve? Copio casi textualmente de dZoom: “Es una caja que permite que pase la luz a través de ella, actuando como difusor. Consigue convertir una luz directa, del tipo que sea, en una luz mucho más suave que no genera sombras fuertes. Bastará con contar a veces con la ayuda de un trípode, y realizar el ajuste necesario en el balance de blancos”

La primera fotografía de las naranjas sanguinas está tomada con una luz bastante potente procedente del sol, aunque en interior. Podéis utilizar también focos en caso de un día nublado o de escasa luz. Eso sí, acordaos de ajustar el balance de blancos. Esta que véis es mi caja de luz, en la cual coloqué las naranjas. Sé bien que no recibirá el premio a la mejor construcción, pero los resultados han sido bastante satisfactorios. Si queréis construir una, acudid a este enlace. Os lo contarán mucho mejor que yo.

Sólo me queda dar las gracias a dZoom (visitadlo, no os decepcionará) y convertir las naranjas en mermelada. También terminó en la caja (la mermelada, por supuesto).

…….MERMELADA DE NARANJA SANGUINA Y POMELO

Ingredientes:

1 pomelo
750 gr de naranjas sanguinas
250 ml de agua
el zumo de un limón
500gr de azúcar (aproximadamente)

1.- Pelamos el pomelo y las naranjas (sin incluir la parte blanca), y cortamos en tiritas muy finas y pequeñas la piel. Reservamos.

2.- Terminamos de pelar los cítricos totalmente, y quitamos las pepitas. Cortamos la pulpa en trozos y junto con las cáscaras reservadas, el agua y el zumo de un limón, los ponemos en un cazo y llevamos a ebullición. Dejamos que cueza a fuego medio durante al menos 30 minutos, o hasta que las pieles queden tiernas.

3.- Retiramos del fuego y pesamos la mezcla. Vamos a añadir las tres cuartas partes del peso resultante de azúcar, y volvemos a llevar a ebullición. Removemos de vez en cuando y dejamos que hierva a fuego medio durante unos 20 minutos, o hasta que la mermelada esté lista. Para comprobarlo echamos una cucharadita de mermelada en un plato y lo metemos en la nevera. Si al enfriarse se espesa y no resbala del plato, será que hemos conseguido nuestro objetivo.

Imprimir la receta:  Mermelada de naranja sanguina y pomelo

Las mermeladas de cítricos son deliciosas y encierran muchísimas posibilidades en cuanto a combinaciones: naranjas y mandarinas, mandarinas y vainilla, pomelos con azúcar moreno…
El resultado de esta mezcla en particular es una mermelada con un punto de amargor debido al pomelo, y sabor a caramelo de naranja, además de un maravilloso color coral.

Hacía muchos años que no veía naranjas sanguinas. Cuando era pequeña me fascinaban por su color misterioso. Lo mismo le pasó a Guillermo, mi hijo pequeño, que al verlas, con cara de extrañeza, me preguntó si las naranjas estaban vivas. ¡Pobres, estaban sangrando!

14 de febrero

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Cada 14 de febrero, las niñas del colegio Patrocinio de María, nos jugábamos el pellejo poniéndonos un lazo rojo en el pelo. Rojo, no azul. Eso era todo. Esa era nuestra manera de vivir San Valentín.

Para las monjas que nos educaban, los chicos con los que soñábamos no eran más que “chicotones con zaparrastros” (individuos de sexo masculino, de aproximadamente 14 o 15 años, que solían llevar zapatillas de deporte y potencialmente peligrosos para nuestra integridad física y moral. Sobre todo moral). Por eso, aquel signo de libertad acorde con la fecha, era toda una osadía. La asignatura de anatomía masculina quedaría relegada para más tarde. Fueron tiempos divertidos los del colegio.

En honor a aquellos días de sueños imposibles, encuentros frustrados y embeleso adolescente, en los que un lazo rojo era no solamente un símbolo de celebración, sino también de rebeldía, celebro el día de los enamorados. En honor a aquellos días, y a estos. No sea que se me enfade mi querido esposo.

Un desayuno en la cama, con estos cupcakes puede ser un buen comienzo. Son todo lo que debería ser un día como éste: dulces, tiernecitos, un corazón sorpresa y muuuuuuucho vicio (eso va por el chocolate…). De las calorías, ni hablamos, que hoy no toca.

CUPCAKES SAN VALENTÍN

Ingredientes para los cupcakes:

175 gr de mantequilla a temperatura ambiente
125 gr de azúcar
175 gr de harina
4 cucharadas de cacao sin azúcar (de la mejor calidad posible)
2 cucharaditas de levadura en polvo
4 huevos

Ingredientes para la decoración:

3 claras de huevo
90 gr de azúcar glas
1 cucharadita de licor de cassis (opcional)
1 pizca de cremor tártaro
24 frambuesas
1 tableta de chocolate fondant
1 cucharadita de aceite de girasol

1.- Precalentamos el horno a 170 grados. Colocamos las cápsulas de papel rizado en los moldes.

2.- En un bol grande batimos la mantequilla con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa y pálida. Añadimos los huevos uno a uno y seguimos batiendo.

3.- En otro bol mezclamos la harina con el cacao y la levadura. Tamizamos todo junto y añadimos a la mezcla anterior. Seguimos batiendo durante 2 o 3 minutos.

4.- Rellenamos cada una de las cápsulas hasta 3/4 de su capacidad y llevamos al horno durante unos 20 minutos. Transcurrido este tiempo sacamos del horno, dejamos reposar durante 5 minutos, y a continuación sacamos los cupcakes del molde y los dejamos enfriar sobre una rejilla.

5.- Prepararemos el merengue batiendo las claras de huevo con varillas eléctricas junto con una pizca de cremor tártaro. Sin dejar de batir vamos añadiendo el azúcar. Seguimos batiendo hasta que el merengue haya tomado cuerpo y tenga la consistencia adecuada. Añadimos el licor de cassis, y batimos para mezclarlo. Reservamos.

6.- En un bol troceamos el chocolate, añadimos una cucharadita de aceite de girasol, y lo llevamos al microondas para que se funda. Reservamos.

7.- Montamos la decoración de los cupcakes de la siguiente manera: sobre el cupcake “desnudo” colocamos una frambuesa. Sobre ésta, con una manga pastelera, hacemos un “sombrero” de merengue. Horneamos los cupcakes durante 5 minutos a 200 grados.  Una vez fríos, bañamos con el chocolate fundido, y coronamos con otra frambuesa.

Unas imágenes valen más que mil palabras:

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Cupcakes San Valentín from Sonia Martín on Vimeo.

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Imprimir receta: Cupcakes San Valentín

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¡Feliz día de los enamorados!