Tarde. Casi llego tarde. Pero afortunadamente existe aquel refrán que dice “Más vale tarde que nunca” y a él me acojo.

Espero que Ivana sepa perdonarme el haber sido tan lenta a la hora de participar en el HEMC mensual, pero creo que el resultado ha merecido la pena y ésta es mi contribución al mismo. No podía dejar de aportar mi granito de arena. En primer lugar porque la anfitriona de este mes es mi amiga, nueva y buena amiga, y en segundo lugar porque me encanta cómo a ella, tanto la comida italiana en general, cómo los canelones en particular.
Siempre recuerdo los canelones de espinacas que mi madre nos hacía cuando era pequeña, con salsa de tomate y bechamel. Y sobre todo recuerdo aquellas placas de pasta que dejaba sumergidas en agua, y que tanto me gustaba colocar luego sobre un paño de cocina para secarlas y rellenarlas. Debió grabarse a fuego en mi memoria, porque así sigo haciéndolos yo.
Pero esta vez he decidido variar e intentar crear algo un poco más sofisticado y original. Esta receta está inspirada en unos crepes de salmón que hace poco encontré en Epicurious. Tuneada, pobrecilla, pero realmente deliciosa y delicada, y muy recomendable para las próximas fiestas que se avecinan. No hace falta qué diga cuáles.

Antes de empezar, un pequeño truco. Para limpiar bien el salmón de posibles espinas, es muy práctico utilizar unas pinzas de depilar para extirparlas sin piedad ( inútil decir que las dedicaremos únicamente a este uso. No quiero ni imaginarme proceder primero a la depilación, pongamos por caso, de las cejas, para pasar a continuación a la receta… ni por supuesto, el caso contrario).
CANELONES DE SALMÓN CON BECHAMEL AL LIMÓN
(y sin pensarlo demasiado, me ha salido un pareado)

Ingredientes:
12 placas de pasta para canelones
350 gr de lomos de salmón fresco
sal, pimienta y zumo de limón
Para la salsa bechamel:
2 cucharadas de mantequilla
1 y 1/2 cucharadas de harina de trigo
1/2 cucharada de maizena
450 ml de leche entera
50 ml de nata líquida
sal, pimienta y nuez moscada
1 cucharadita de ralladura de limón
almendras molidas para gratinar
1.- Cortamos los lomos de salmón en doce porciones rectangulares. De la misma longitud que las placas que vamos a rellenar. Reservamos. Precalentamos el horno a 220 grados.
2.- Preparamos las placas de pasta para canelones. En mi caso, utilicé pasta precocida. Sé que no es lo ideal, pero resulta práctico. Podéis igualmente utilizar pasta fresca, pasta que haya que cocer, o bien podéis preparar las placas de pasta en casa.
3.- Una vez las placas elegidas estén listas, las extendemos sobre un paño de cocina limpio, para rellenarlas. Colocamos cada uno de los lomitos sobre ellas, y sazonamos el pescado con un poquito de sal, un poco de pimienta y un par de gotitas de zumo de limón. Enrollamos la pasta alrededor del salmón para darle forma de canelón. (Madre mía, que hartón, con tanto ón).
4.- Preparamos la salsa bechamel.
En un cazo fundimos las dos cucharadas de mantequilla dejando que adquiera un tono dorado claro. No utilizaremos fuego fuerte, o se nos quemará la salsa, y se agarrará al fondo del cazo. Echamos la harina y la maizena, y con unas varillas mezclamos bien. Sin dejar de remover, esperamos que la mezcla tome un color ligeramente tostado.
A continuación vertemos la leche templada y la nata líquida poco a poco y sin dejar de remover, con cuidado de que no se formen grumos. Sazonamos con sal, pimienta y un poquitín de nuez moscada.
Seguimos removiendo hasta que la bechamel espese, siempre a fuego suave. En este caso, la fórmula “vísteme despacio, que tengo prisa” funciona de maravilla. Cuando esto ocurra (la salsa ha espesado y burbujea, es decir, comienza a hervir) la retiramos del calor, y echamos la ralladura de limón. No hay que excederse en la cantidad. Se trata de aromatizar la bechamel, no de hacer una salsa con un intenso sabor a limón. Reservamos.
5.- En una fuente para hornear, disponemos la mitad de la bechamel, colocamos encima los canelones, y los cubrimos con el resto de la salsa. Espolvoreamos almendras molidas por encima y metemos en el horno durante 15 minutos aproximadamente. Servimos.
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El resultado es un plato de sabores delicados, que armonizan muy bien sin que destaque ninguno en exceso. Estupendos con un buen vino blanco. Nosotros los comimos con un vino blanco del Penedés, y nos supieron a gloria bendita.













