A todos nos gusta cocinar. A todos los que pasamos por aquí, y por otros muchos blogs dedicados al mismo tema que el de una servidora (no descarto que alguien pueda padecer una extraña variación de trastorno obsesivo que se nutre de blogs culinarios, porque hay días que llego a visitar más de 40 diferentes).

Una vez queda clara esta premisa (la del gusto por la cocina), y la cual suscribo sin dudar,  no me negaréis que hay tareas a la hora de cocinar de lo más engorrosas, pesadas y tediosas. Supongo que cada uno tendrá su ranking particular.

Este es el mío, por nivel de incomodidad (para decirlo de una manera educada):
(Para ser positiva he incluido posibles soluciones, que no siempre son acertadas ni ortodoxas)
Se lleva la palma y con diferencia: LIMPIAR MEJILLONES. No soporto estar con el cuchillito raspa que te rasparás hasta que quedan perfectamente limpios. Posible solución: nada más llegar a casa los sumerjo en agua fría durante 20 minutos. Parece que ayuda a su posterior limpieza (de ilusión también se vive). O bien cogerle el gusto a la arenilla y las barbas.

PELAR UNA CALABAZA. Nunca sé por dónde atacar. Se me escapa el cuchillo, me queda cáscara, me falta carne… Posible solución: cuadrar la calabaza. Corto la parte de abajo, corto la parte de arriba, y comienzo a pelarla con un cuchillo bien afilado como si de una naranja se tratase. También se tarda lo suyo, pero al menos las puntitas de los dedos corren menor peligro.

DESHUESAR ACEITUNAS. Y eso sin hablar de quitar la carne con un cuchillo. Utilizo un deshuesador bastante práctico, que empuja el hueso por un lado, pero deja algo de carne pegada a los extremos del mismo, y te hace volver a echar mano del cuchillo de marras. Posible solución: comprarlas deshuesadas. Otra posible solución: tener a alguien al lado que vaya rebañando y chuperreteando los huesecillos según van saliendo.

LEER LAS INSTRUCCIONES DE LOS ELECTRODOMESTICOS. Es la única lectura que no soporto. Posible solución: utilizar la intuición y comprar electrodomésticos con un número muy reducido de botones.

La receta que sigue contiene dos de las anteriores labores, pero me hace recordar las maravillosas cenas de verano al aire libre, y el sabor del mar y el sol. Para dar la bienvenida al otoño, nada mejor que el veranillo de San Miguel acompañado de mejillones mediterráneos.

MEJILLONES MEDITERRANEOS

Ingredientes:

1 kg de mejillones (aproximadamente, tampoco hay que ser quisquilloso con el peso)
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cebolla grande picada
6 dientes de ajo picados
750 gr de tomates muy maduros, pelados
250 ml de caldo de verduras
250 ml de vino blanco seco (un albariño viene de perlas)
2 cucharadas de vinagre balsámico
1/4 cucharadita de tabasco (si nos gusta picante)
1 cucharadita de sal
una pizca de azúcar
150 gr de aceitunas negras deshuesadas
10 hojitas de albahaca
la ralladura de 1 limón

1.- Limpiar los mejillones con mucha paciencia.

2.- En una cazuela grande echamos el aceite y doramos la cebolla picada hasta que esta última esté transparente. Estrujamos los tomates con las manos y los echamos junto con la cebolla y el ajo. Removemos y añadimos el caldo, el vino, el vinagre, el azúcar, la sal y el tabasco (si vamos a utilizarlo). Dejamos que cueza a fuego bajo durante 10 minutos.

3.- Ponemos los mejillones en la cazuela, tapamos, y dejamos otros 10 minutos a fuego suave, o bien hasta que se abran los mejillones. Descartamos los que no se hayan abierto.

4.- Fuera del fuego añadimos las aceitunas, la albahaca troceada con las manos, y la ralladura de limón. Mezclamos bien, y dejamos reposar unos minutos.

5.- Servimos acompañado de una buena rebanada de pan. Quedó perfecto el pan de centeno, cerveza y anís que suelo hacer para tomar con este tipo de platos. La receta, otro día.

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Es un plato fantástico para compartir sin etiqueta. Podemos servir los mejillones en una fuente grande y ponerla en el centro de la mesa, cada comensal puede “pescar” mejillones con las manos, y hacer barquitos en la salsa. Son deliciosos, porque saben a mar y a verano.