Otoño: Instrucciones de uso

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Instrucciones para el uso del otoño y su disfrute:

1.- Búsquese  una chaqueta de punto vieja, desgastada, y póngasela por encima. ¿Qué le viene grande y tiene que remangársela? ¡Tanto mejor!

2.- En la cocina prepárese un café o té calentito (al gusto). ¿Qué le parece un té perfumado con frutas del bosque y una nube de leche cremosa y caliente? También puede buscar en algún blog amigo una receta de algunas pastas caseras y hornearlas para este momento.

3.- Disfrute de una música suave y un punto melancólica (si se le ocurre poner otra música más “movidita”, estropeará todo el ambiente). Si sus hijos atacan con rap, hip-hop o similar, mándeles que cierren la puerta o écheles a la calle (aunque caigan chuzos de punta).

3.- Sitúese detrás de una mesa, cercana a una ventana a través de la cual vea llover. Es importante ladear la cabeza y colocarla sobre una mano, cuyo codo, a su vez, se apoyará sobre la mesa.

4.- Tome un libro de poesía o una buena novela. ¡Está bien! también puede servirle uno de recetas de cocina (¿No sabe cuál leer? Aquí encontrará una ayudita). Ábralo y pase las hojas con desgana. De vez en cuando dígnese a mirarlo, aunque sea de reojo (Evite suspirar, tampoco conviene cargar demasiado las tintas).

5.- Recuerde el refrán: “Al mal tiempo, buena cara” y  disfrute del otoño, no le queda otro remedio.

Después de tanto desvarío, y para hacerme perdonar, paso ya a la receta de hoy. Y como no podía ser de otra forma:

QUICHE OTOÑAL DE ESPINACAS, NUECES Y QUESO AZUL

Ingredientes:

500 gr de masa quebrada, para la cual necesitaremos:
300 gr de harina
125 gr de mantequilla recién sacada de la nevera
70 gr de agua fría
1 cucharadita de sal y otra de azúcar

Para el relleno:
5 huevos
500 ml de nata líquida
sal, pimienta negra y nuez moscada
100 gr de espinacas frescas
125 gr de nueces ya peladas
100 gr de queso azul (podéis utilizar vuestro queso azul favorito siempre y cuando no tenga un sabor
demasiado fuerte)

1a.- Masa quebrada con ayuda de thermomix o similar:
Vertemos en el vaso de la thermomix la harina, la mantequilla muy fría cortada en trocitos, el agua, una cucharadita de sal y otra de azúcar.  Programamos 20 segundos a velocidad 6.
Una vez hecha la masa la sacamos del vaso y formamos una bola con ella. Sin amasar demasiado. Dejamos reposar.

1b.- Masa quebrada a mano:
En un bol grande o ensaladera vertemos la harina, por encima de ella colocamos la mantequilla muy fría cortada en trocitos. Hacemos un cráter en el centro de la harina y vertemos en él el agua fría, el azúcar y la sal.
Con las manos mezclamos bien hasta formar una masa moldeable, homogénea, suave y no pegajosa. Formamos una bola con ella y dejamos reposar.

2.- Dividimos la masa quebrada en dos partes. Una de ellas la dejamos en espera.
Tomamos la otra parte y la estiramos con el rodillo. La acomodamos en un molde de tarta con cuidado. Recortamos los bordes que sobresalgan, pinchamos el fondo con un tenedor y lo llenamos de legumbres secas para que la masa no se hinche. A veces en lugar de legumbres coloco papel de aluminio encima de la masa, cubriendo los bordes también y presionando un poquito para que éstos últimos no se bajen al hornearlos.

3.- Metemos en el horno precalentado a 180 grados durante 10 minutos para que la masa se “seque”.

4.- Vamos a cortar ahora las hojas para decorar la quiche. Disponemos la otra parte de la masa que habíamos reservado sobre una mesa, y la estiramos también con el rodillo. Tiene que quedar fina, pero tampoco casi transparente o se nos quemaría mucho a la hora de hornear. Tengo unos “cortadores de hojas” estupendos, pero también se pueden utilizar cortapastas con forma de hojita de árbol (qué duda cabe que podemos decorar la tarta con el dibujo que se nos antoje). El número de hojas a cortar dependerá del tamaño de las mismas y del de nuestro molde. Reservamos las hojitas cubiertas.

5.- En un bol batimos los huevos hasta que queden espumosos y les añadimos la nata líquida y la sal, pimienta y nuez moscada rallada al gusto. Mezclamos bien y reservamos.

6.- Tomamos la base de tarta y colocamos un puñado de espinacas dentro, repartiéndolo bien para que cubra el fondo. A continuación colocamos las nueces, y el queso azul desmigajado cubriendo las espinacas. Sobre las nueces y el queso, colocamos una última capa de espinacas. Aplastamos un poquito con la manos para que quede a nivel del borde de la tarta.

7.- Vertemos la preparación de huevos cubriendo el relleno.

8.- Para pegar las hojitas en los bordes de la tarta, no tememos más que colocarlas a nuestro gusto pegándolas a la masa que sobresale un poquito con una ligera presión.

9.- Volvemos a meter en el horno a la misma temperatura durante 25 o 30 minutos o hasta que veamos que el relleno está bien cuajado y dorado.

10.- Desmoldamos la tarta y servimos templada con una buena ensalada verde.

Imprimir la receta: Quiche otoñal

Miles de gracias a todos por vuestras aportaciones al “Libro de la Semana”. No os  perdáis los libros que van saliendo. Hay verdaderas joyas. Si alguien quiere obtener más información puede pinchar aquí.

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“Las hojas secas
son como el testamento
de los castaños”

M. Benedetti   (Señor Benedetti, un día de éstos le hago un monumento).

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Libros de cocina

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101. Tengo 101 libros de cocina. Acabo de contarlos y me sorprende la coincidencia, pero así es. Desde pequeñitos tipo folleto (no por ello peores), a verdaderos mamotretos (no por ello aburridos). Algunos están adornados con manchas de colores (restos de experimentos culinarios) y algunos están casi nuevos (algún día los compré, y no sé por qué pasaron a formar parte del paisaje del mueble donde están guardados, sin más).

Seguramente algunos de vosotros os habéis ido alguna noche a la cama con un libro de recetas, igual que si de una magnífica novela se tratara. Y el que estaba a vuestro lado (si lo hubiera o hubiese) os ha mirado con los ojos desorbitados. O los habéis acariciado (a los libros, claro) mientras estaban guardados en la bolsa de la tienda donde los acababais de comprar, esperando con impaciencia infantil llegar a casa, para poder abrirlos y disfrutarlos en todo su esplendor.

Los libros son un tesoro y una de las herencias más importantes que podríamos dejar. Y esas pequeñas joyas que tal vez unos conozcamos y otros no, deberían ser del dominio público, al menos del de los que nos dedicamos con tanta pasión al mundo de la cocina.

Por esta razón me gustaría compartir con todo el que pase por aquí, esos libros de cocina que no siempre serán los mejores, ni los más espectaculares, pero sí los más queridos, los que marcaron nuestra forma de cocinar en algún momento, o simplemente en los que encontramos inspiración.

Podréis encontrar en el lateral del blog una foto con un libro de cocina “especial”. Intentaré cada semana incluir alguno nuevo, o más de uno. Y en el apartado “Páginas del blog” se irán sumando y podrán verse todos.

Y ahora… es cuando pido vuestra ayuda. Si os apetece, si os parece interesante, si os gusta la idea… sería estupendo que pudiéramos compartir también los vuestros. Me gustaría que el que quiera poner su granito de arena me mandara una foto de la portada de un libro de cocina que os parezca bueno o especial, junto con el nombre del libro, autor, editorial y año de edición, y un comentario sobre la razón o razones que os han llevado a elegir ese libro. Irán apareciendo en la página “Libro de la semana” junto con un enlace a vuestro blog (podéis mandarme vustras aportaciones aquí ). De ésta manera podremos disponer de un “archivo bibliográfico” con nuestros mejores libros.

Y como es “de bien nacidos el ser agradecido”, para daros las gracias me gustaría hacer un sorteo de un regalo entre los libros que vayan llegando. He pensado en dos ralladores (de distintos grosores) de una marca que no es fácil de encontrar en España y que os aseguro que es francamente sensacional (más de una vez me he pasado rallando un buen rato sólo por el placer de hacerlo). Dentro de dos meses espero que tengamos un buen número de referencias, y eso sí, confiad en que el sorteo será sin trampa ni cartón. A quien le toque se los mandaré con todo mi cariño.

Espero que os interese la idea. Confieso que me apasionan los libros, y estoy segura de que habrá verdaderos tesoros entre los vuestros.

Y no me voy sin dejar una receta sencilla, divertida y “de miedo”.

CUPCAKES ARAÑA

Ingredientes:

Para 24 arañitas (mini cupcakes) y todavía sobrará para hacer “la madre de todas las arañas”:

175 gr de mantequilla a temperatura ambiente
150 gr de azúcar glas
175 gr de harina
2 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
1 cucharadita de levadura en polvo
4 huevos
papelillos rizados de tamaño pequeño y de color oscuro

Para el disfraz de araña:

45 gr de mantequilla a temperatura ambiente
50 gr de azúcar glas
1 cucharada de leche
1 cucharadita de cacao en polvo sin azúcar
azúcar de color negro (se puede sustituir por granillo de chocolate)
caramelitos o gominolas de color rojo para los ojos
tiras de regaliz blandito para las patas

1.- Precalentamos el horno a 170 grados. Colocamos un papel rizado en cada uno de los moldes de mini cupcakes (si vuestros moldes son grandes no hay problema, solamente que las arañas serán de tamaño tropical).

2.- En un bol grande batimos la mantequilla con el azúcar glas hasta que quede esponjoso, seguimos batiendo y añadimos los huevos uno a uno, la harina, la levadura y por último el chocolate en polvo. Continuamos batiendo durante unos 2 o 3 minutos hasta lograr una masa suave.

3.- Con una cuchara vamos distribuyendo la masa en los moldes, con cuidado de que no llegue al borde, en cuyo caso al subir en el horno, se desbordaría y no quedarían redonditos, que es precisamente lo que buscamos. Horneamos durante 10 minutos. Dejamos unos minutos que se enfríen, y a continuación sacamos los cupcakes y enfriamos sobre una rejilla. Si tenemos más masa volvemos a repetir este último punto con lo que nos queda.

4.- Para el “disfraz”:
a.- En un bol batimos la mantequilla con el azúcar glas, la cucharada de leche y la cucharadita de cacao para realizar la cobertura.
b.- Una vez que los mini cupcakes estén fríos, vamos cubriendo la parte superior con una capita de la cobertura, y los rebozamos en el azúcar negro (o bien en el granillo de chocolate).
c.- Con un palillo realizamos 4 agujeritos a cada lado de la araña, en ellos iremos insertando trocitos de unos 5 cm de largo de tiras de regaliz blandito para hacer las patas. En la parte de arriba colocaremos dos gominolas o caramelitos rojos para los ojos.

Imprimir la receta:  Cupcakes Araña

De acuerdo, mis arañas sólo tienen 6 patas, no 8, pero tiene explicación. Mi adorable hijo mediano (mediano pero enorme, me saca una cabeza) cortaba patas de araña y resultó que comía a la misma velocidad que cortaba, y las pobres arañas sufrieron una mutación por la cual perdieron 2 patas cada una.

¡Qué os gusten!

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Fin de semana en la capital

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En los últimos días de la pasada semana, se daban cita en Washington D.C. los ministros de economía y los presidentes de los Bancos Centrales del G-7, así como el Comité Monetario y Financiero Internacional, principal órgano directivo del FMI. ¡Ah! Y la tripulación de una línea aérea de la que una servidora formaba parte.

Afortunadamente, lejos de tomar ningún tipo de decisión que afectase a las finanzas mundiales, nuestras únicas preocupaciones eran en qué restaurante comer, o qué museo visitar de los muchos que flanquean el National Mall (tuvimos la feliz idea de dirigir nuestros pasos al museo Smithsonian del Aire y del Espacio ¡repletiiiiiiiiito de aviones!)

Si de Nueva York dicen que es la “capital del mundo”, Washington sería la “capital del imperio”, y conste que no tiene ningún sentido peyorativo. No he visto nunca avenidas más anchas, espacios más amplios, monumentos más seguidos, parques más verdes, ni banderas más grandes. Washington quiere dejar claro que es la capital de un país poderoso, muy poderoso.

Y lo cierto es que una sensación de tierra conocida no te abandona. ¿Quién no tiene en los archivos de la memoria los balcones de la Casa Blanca,  o no recuerda a Tom Hanks corriendo por la “piscina reflectante” delante del Obelisco al encuentro de Robin Wright en Forrest Gump, o no sabe que ese señor tan grande, tan sentado y tan de mármol es Abraham Lincoln?

Georgestown, barrio histórico situado en la ribera del río Potomac, no deja de ser un remanso de paz. Eso sí, con su buen número de tiendas y restaurantes de lujo, y dónde el otoño, aunque en un día especialmente cálido y soleado, está imprimiendo sus primeras huellas rojas y amarillas en las hojas de los árboles.

Y aunque allí los artículos de Halloween ya disfruten de grandes rebajas y la Navidad comience a ser el próximo objetivo comerciable, la receta de hoy para todos aquellos a los que les guste pasar un rato dulce, divertido y terrorífico. Just to have fun!!

GALLETAS “DEDOS DE BRUJA”

Ingredientes:

Para unas 30 galletas aproximadamente.

30 almendras crudas
1 cucharada de colorante alimentario rojo
2 huevos
1/4 cucharadita de esencia de almendra
100 gr de mantequilla
1/2 taza de azúcar glas
1 pizca de sal
185 gr de harina

1.- Precalentar el horno a 170 grados.

2.- Comenzamos con la manicura. Es mejor usar guantes de látex para esta tarea. En una tacita vertemos el colorante y con un pincel pequeñito vamos pintando de rojo cada almendra. Basta con pintar una cara, la otra irá pegada al dedo, y no se verá. Dejamos aparte hasta que estén completamente secas.

3.- Para la masa de las galletas:
En un bol grande disponemos la mantequilla (que habremos dejado previamente a temperatura ambiente para que se ablande), el azúcar glas, y la pizca de sal. Batimos hasta mezclar bien los ingredientes.

4.- A continuación añadimos un huevo, y la esencia de almendra. Incorporamos bien los anteriores ingredientes, y a continuación añadimos el otro huevo. Seguimos batiendo  la mezcla durante unos minutos hasta conseguir una textura suave.

5.- Añadimos la harina y la incorporamos sin trabajar la masa demasiado. Justo lo necesario para incorporarla correctamente a los ingredientes húmedos. Envolvemos la masa resultante en film transparente y la metemos en el frigorífico durante 30 minutos.

6.- Sacamos la masa de la nevera y la dividimos en 30 porciones. A continuación iremos dando a cada porción una forma cilíndrica, de “dedo”. Mi fantástico ayudante de 6 años disfrutó de lo lindo con esta tarea. Con un cuchillo marcamos unos cortecitos imitando los pliegues de los dedos y pegaremos una almendra en un extremo, presionando un poco.
No se modelará bien la masa si no está fría. Es recomendable mantener las porciones con las que no estemos trabajando en el frigorífico, o al menos la mitad de ellas.

7.- Colocamos los dedos sobre la bandeja del horno cubierta con papel de hornear, o papel aluminio untado con un poquitín de mantequilla.

8.- Pintamos cada dedo con un poquito de huevo batido para darle brillo. Horneamos durante 12 minutos, o hasta que estén ligeramente dorados.

9.- Dejamos que los dedos se enfríen completamente. Para presentarlos se puede utilizar algún bol (si resulta tétrico tanto mejor) relleno de legumbres cubiertas con una capa de chocolate rallado. Las legumbres harán que los dedos se mantengan “en pie”, y resultarán mucho más “horrorosos”

Imprimir la receta: Dedos de bruja

Y la próxima semana… espero traer más recetas que están “de miedo”-

¡Que me den calabazas!

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Será porque pertenecer a una generación que ha crecido con semejante protagonista del concurso más popular en la televisión de aquellos años, marca mucho. O será porque de niña soñaba con una cucurbitácea tuneada en carroza por obra y gracia del hada madrina. No sé por qué será, pero siempre me maravillo ante la belleza que la naturaleza ha imprimido en una simple calabaza.

Éstas son las fotos más deslumbrantes que he encontrado en la red. Me gustaría decir que su autoría me corresponde, pero ni mucho menos es así. Doy las gracias a todos esos fotógrafos anónimos que han colaborado (sin saberlo) en este post. La belleza debería ser un bien común.

Y por si no me había bastado con limpiar los mejillones, esta semana toca pelar calabazas. Será que sufro un brote de masoquismo culinario. Pero el resultado merece la pena. Es una receta para hacer cualquier día, sencillísima, y perfecta para este recién estrenado otoño.

Utilizo una olla exprés para esta crema. Si no se dispone de ella, igualmente se puede realizar en una cacerola grande, aumentando por supuesto el tiempo de cocción.

CREMA DE CALABAZA CON ARROZ

Ingredientes:

750 gr  de carne de calabaza (ya se ha pasado el mal trago de pelarla)

1/2 litro de caldo vegetal casero

1/2 litro de leche descremada

2 cucharaditas de ras el hanout (para más información pinchar aquí). Si no disponemos de esta mezcla de especias, podemos añadir 1/2 cucharadita de canela, pero con ras el hanout resulta insuperable

Sal y pimienta (al gusto)

Arroz blanco basmati en la cantidad que nos apetezca

1.- Dentro de la olla exprés (o en la cacerola) ponemos la carne de calabaza, el caldo, la leche, las especias, la sal y la pimienta. Cerramos la olla con cuidado y dejamos que se cocine durante 6 minutos. Si lo estamos haciendo en una cacerola, hasta que la carne de la calabaza esté tierna.

2.- Con una batidora, o con la thermomix, trituramos la calabaza ya cocida con el resto de los ingredientes hasta convertirla en un puré fino.

3.- Servimos bien caliente acompañado de un par de cucharadas de arroz blanco, y espolvoreado con un poquitín de ras el hanout, o de canela.

Imprimir la receta: Crema de calabaza con arroz

Y dado que el plato es de una sencillez extrema, una idea para la presentación del mismo un poquito más elaborada.

Buscamos una calabaza bonita, del mismo diámetro de la sopera donde vayamos a presentar la crema. Cortamos la parte superior de la misma: el “sombrero” de la calabaza. Lo vaciamos hasta donde podamos de su carne. Quitamos la tapa a la sopera y la sustituimos por el sombrero adornado con unas hojas bonitas. Incluso podemos cortar una muesca en el borde lo suficientemente grande para que asome el cucharón. Me recuerda a la carroza de Cenicienta.

Un fastidio de receta

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A todos nos gusta cocinar. A todos los que pasamos por aquí, y por otros muchos blogs dedicados al mismo tema que el de una servidora (no descarto que alguien pueda padecer una extraña variación de trastorno obsesivo que se nutre de blogs culinarios, porque hay días que llego a visitar más de 40 diferentes).

Una vez queda clara esta premisa (la del gusto por la cocina), y la cual suscribo sin dudar,  no me negaréis que hay tareas a la hora de cocinar de lo más engorrosas, pesadas y tediosas. Supongo que cada uno tendrá su ranking particular.

Este es el mío, por nivel de incomodidad (para decirlo de una manera educada):
(Para ser positiva he incluido posibles soluciones, que no siempre son acertadas ni ortodoxas)
Se lleva la palma y con diferencia: LIMPIAR MEJILLONES. No soporto estar con el cuchillito raspa que te rasparás hasta que quedan perfectamente limpios. Posible solución: nada más llegar a casa los sumerjo en agua fría durante 20 minutos. Parece que ayuda a su posterior limpieza (de ilusión también se vive). O bien cogerle el gusto a la arenilla y las barbas.

PELAR UNA CALABAZA. Nunca sé por dónde atacar. Se me escapa el cuchillo, me queda cáscara, me falta carne… Posible solución: cuadrar la calabaza. Corto la parte de abajo, corto la parte de arriba, y comienzo a pelarla con un cuchillo bien afilado como si de una naranja se tratase. También se tarda lo suyo, pero al menos las puntitas de los dedos corren menor peligro.

DESHUESAR ACEITUNAS. Y eso sin hablar de quitar la carne con un cuchillo. Utilizo un deshuesador bastante práctico, que empuja el hueso por un lado, pero deja algo de carne pegada a los extremos del mismo, y te hace volver a echar mano del cuchillo de marras. Posible solución: comprarlas deshuesadas. Otra posible solución: tener a alguien al lado que vaya rebañando y chuperreteando los huesecillos según van saliendo.

LEER LAS INSTRUCCIONES DE LOS ELECTRODOMESTICOS. Es la única lectura que no soporto. Posible solución: utilizar la intuición y comprar electrodomésticos con un número muy reducido de botones.

La receta que sigue contiene dos de las anteriores labores, pero me hace recordar las maravillosas cenas de verano al aire libre, y el sabor del mar y el sol. Para dar la bienvenida al otoño, nada mejor que el veranillo de San Miguel acompañado de mejillones mediterráneos.

MEJILLONES MEDITERRANEOS

Ingredientes:

1 kg de mejillones (aproximadamente, tampoco hay que ser quisquilloso con el peso)
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cebolla grande picada
6 dientes de ajo picados
750 gr de tomates muy maduros, pelados
250 ml de caldo de verduras
250 ml de vino blanco seco (un albariño viene de perlas)
2 cucharadas de vinagre balsámico
1/4 cucharadita de tabasco (si nos gusta picante)
1 cucharadita de sal
una pizca de azúcar
150 gr de aceitunas negras deshuesadas
10 hojitas de albahaca
la ralladura de 1 limón

1.- Limpiar los mejillones con mucha paciencia.

2.- En una cazuela grande echamos el aceite y doramos la cebolla picada hasta que esta última esté transparente. Estrujamos los tomates con las manos y los echamos junto con la cebolla y el ajo. Removemos y añadimos el caldo, el vino, el vinagre, el azúcar, la sal y el tabasco (si vamos a utilizarlo). Dejamos que cueza a fuego bajo durante 10 minutos.

3.- Ponemos los mejillones en la cazuela, tapamos, y dejamos otros 10 minutos a fuego suave, o bien hasta que se abran los mejillones. Descartamos los que no se hayan abierto.

4.- Fuera del fuego añadimos las aceitunas, la albahaca troceada con las manos, y la ralladura de limón. Mezclamos bien, y dejamos reposar unos minutos.

5.- Servimos acompañado de una buena rebanada de pan. Quedó perfecto el pan de centeno, cerveza y anís que suelo hacer para tomar con este tipo de platos. La receta, otro día.

Imprimir la receta: Mejillones mediterráneos

Es un plato fantástico para compartir sin etiqueta. Podemos servir los mejillones en una fuente grande y ponerla en el centro de la mesa, cada comensal puede “pescar” mejillones con las manos, y hacer barquitos en la salsa. Son deliciosos, porque saben a mar y a verano.