Hace unos meses que vengo fijándome en la moda más in del momento, en cuanto a pastelería se refiere, tanto en los Estados Unidos como en otros países anglófonos. Tal vez sea porque dadas mis constantes idas y venidas, muchas veces soy más consciente de lo que pasa más allá del charco, que de lo que pasa a este lado del Atlántico (aparte de que todo lo que sea dulce me salta a los ojos como por arte de magia).

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Me refiero a los cupcakes. (Posiblemente alguien este pensando: “¡A buenas horas mangas verdes!”. Lo siento, ya avisé muchas veces que gracias al jet lag perenne que padezco, proceso la información más despacio que el resto de los humanos). No son ni más ni menos que las magdalenas de toda la vida (las de mojar en el café o en el vaso de leche chocolateada, de ese que no se disuelve bien y comes el polvillo a cucharadas, por no citar marcas) pero eso sí, con unas presentaciones, variedades y decoraciones absolutamente asombrosas. Ni que decir tiene que los hay bastante sencillos, clásicos, pero hay otros verdaderamente sorprendentes. Pequeñas obras del arte pastelero envueltas en papel rizado.
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En Estados Unidos son una auténtica locura. Las tiendas dedicadas única y exclusivamente a vender estas delicias proliferan por doquier (visitad por ejemplo Cupcakes on line, y pasaréis un rato entretenido). Blogs que se encargan de recetas, utensilios, accesorios, toda serie de gadgets al respecto (podéis empezar por Cupcakes take the cake y allí encontraréis unos cuantos enlaces interesantes). Revistas de gastronomía que les dedican artículos enteros. Programas televisivos de gran fama hablan de ello (las fotos que incluyo proceden de la página web del famosísimo espacio televisivo de Martha Stewart) No sigo mucho la tele, pero imaginad a Ana Rosa Quintana hablando de magdalenas. ¡Hasta anuncios publicitarios en los que los protagonistas son los cupcakes! (Aviso: lo siento, pero todos estos enlaces vienen en el lenguaje de Shakespeare).
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Son fáciles de hacer, fáciles de comer por su pequeño tamaño y una glotonería grande, fáciles de transportar (existen cajas especiales para ello), y fáciles de pagar, un cupcake te dura unos bocados de placer, al módico precio de dos dólares y medio más o menos (no llega a un euro y noventa céntimos). Incluso fáciles de enseñar, gracias a unos bonitos expositores que sólo sirven para eso, o para poner huevos duros muy bien colocaditos.
Y, por supuesto, podemos hacerlos en casa y pasarlo estupendamente. En mi caso ha sido una auténtica gozada poner mis magdalenitas sobre una tabla de esas que dan vueltas e ir decorándolas cómo si de tartas en miniatura se trataran.
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Mi receta está basada en la famosa tarta “Selva Negra”, dado que es tiempo de cerezas y de chocolate (el chocolate siempre está en temporada).

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MAGDALENAS DE CEREZAS Y CHOCOLATE


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Ingredientes:

1 y 1/2 tazas de harina
4 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
2 cucharaditas de levadura en polvo
3/4 de taza de azúcar
1 taza de mantequilla ablandada
4 huevos
1/2 taza de cerezas deshuesadas y en trozos

Para la decoración:

1 taza de nata líquida para montar
2 cucharadas de azúcar glas
cerezas enteras con rabito y todo
chocolate negro

1.- Precalentamos el horno a 160 grados, y en el molde para magdalenas colocamos el papel rizado. Con estas cantidades a mi me salieron 15 magdalenas.

2.- En un recipiente batimos la mantequilla con el azúcar hasta alcanzar una pomada suave. En otro recipiente aparte mezclamos la harina, el cacao, y la levadura, y lo añadimos a la mantequilla con azúcar, junto con las cerezas deshuesadas y partidas. Mezclamos bien.

3.- Repartimos la masa en los moldes y lo llevamos al horno durante 20 minutos. Sacamos del horno, dejamos que se enfríe durante 5 minutos y desmoldamos.

4.- Una vez que nuestras magdalenas están frías, empezamos a adornarlas. Para ello:
Montamos la nata que estará muy fría, y le añadimos el azúcar glas con cuidado. Lo metemos en una manga pastelera y decoramos cada magdalena como nos guste (yo no tengo manga pastelera, pero utilizo una especie de “pistola pastelera” de mi hijo pequeño que venía en un juego para hacer tartas, y palabra que queda que ni pintado). Rallamos un poco de chocolate por encima (otro día os enseñaré mis ralladores, son el orgullo de mi cocina) y colocamos una cereza entera sobre todo lo anterior.

5.- Enseñamos a las vecinas para que admiren nuestro arte, y no dejamos que las toquen para que podamos seguir enseñándolas. Nos las comemos nosotros, junto con la familia eso sí, a escondidas.

Imprimir receta: Magdalenas de cerezas y chocolate.pdf

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A mi hijo mayor no le gusta la nata de leche de vaca, así que para él se las decore con una deliciosa nata de avena, que me llegó un día a las tres de la tarde. ¡Gracias amiga!