Victorian Sweets

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Hay arándanos en la nevera. Dos cajitas llenas de arándanos morados y jugosos. No es fácil encontrarlos, al menos donde yo vivo. Por eso me apetece hacer algo especial con ellos. Especial y pecaminoso. Algo lleno de mantequilla, de azúcar, de culpabilidad y de placer.

Y el cerebro, que es un órgano extraño y libre para enredar, empieza a funcionar. Revoltoso e indomable como es el mio, comienza a recordar que hace poco terminé de leer por enésima vez “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen. Esta inglesa que nació y vivió en el siglo XVII y murió a principios del XIX no deja nunca de ser actual. Es una escritora muy especial: irónica y crítica, pero siempre fiel al retrato de la sociedad de su tiempo. Y ¡ala! ahí va el cerebro desbocado…

Cada vez que la leo no puedo evitar imaginarme las escenas de sus obras siempre de la misma manera:

Una habitación con paredes floreadas, mobiliario coquetón. A través de la ventana se dejan ver las hojas de un magnolio (o cualquier otro árbol. Es que lo del magnolio me queda de un cursi ideal para la ocasión). Un grupo de señoritas charlan amigablemente, y se ruborizan ante la llegada de un caballero muy pintón, mientras… (y ahí es a donde quería yo llegar. No, no, al caballero no)… mientras toman el té en delicadas tazas de porcelana y mordisquean con suma delicadeza ¡¡¡¡¡un pastel de arándanos!!!!!!!

De repente me acuerdo de aquel libro que me regaló mi amiga Olga: “Victorian Sweets”. Ya sé que Jane Austen rozó la época victoriana por los pelos. Ella fue un poquitín anterior, pero es que me viene que ni pintado, total: decenio más, decenio menos…


Lo original del libro es que puedes leer la receta tal y como era hace unos 150 años, y su equivalente moderno. Mucho me temo que la intuición era fundamental. ¿Cómo podían sino ser precisos con un horno sin termostato, ni temporizador? ¡Probemos! (Creo que no tengo delantal apropiado para la ocasión).


PASTEL DE BAYAS MADURAS

Ingredientes:

¿?

Colocamos la masa para el pastel en el molde, y lo rellenamos hasta la mitad con el tipo de bayas elegido. Si son muy jugosas espolvoreamos por encima una cucharada de harina y todo el azúcar necesario para que quede lo suficientemente dulce. Horneamos el pastel durante 40 minutos.

Los pasteles de arándanos mejoran mucho si ponemos un poco de limón y canela.

¡Y que cada uno se apañe como pueda! Concluiría yo.


PASTEL DE ARÁNDANOS

Ingredientes:

Para la base:

1 y 1/2 tazas de harina

125 gr. de mantequilla

50 gr. de azúcar

1/4 de taza de zumo de limón


Para el relleno:

250 gr. de arándanos

1 cucharada de azúcar glas

1/2 cucharadita de ralladura de limón

una pizca de canela


1.- Precalentamos el horno 180 grados.

2.- Preparamos la base del pastel. He utilizado la thermomix, pero se puede hacer igualmente a mano, aunque cuesta un poco más de trabajo. Ponemos en el vaso de la thermomix la harina, la mantequilla a dados y recién sacada de la nevera, el azúcar y el zumo de limón. Lo he tenido más o menos 15 segundos a velocidad 4, y después otros 15 segundos a velocidad 6. El resultado va a ser una masa bastante blanda y suave. La sacamos del vaso, la envolvemos en film transparente y dejamos enfriar unos minutos en la nevera.

3.- Volcamos la masa sobre una lámina de papel de horno, y con otra lámina de film transparente la cubrimos. De esta manera vamos a poder pasar el rodillo por encima sin que se nos pegue, ni añadiendo harina extra que endurecería la masa. La extendemos en forma de disco de unos 30 cm. de diámetro. Volvemos a meterla en la nevera al menos 5 minutos.

4.- Mientras tanto lavamos los arándanos y los mezclamos con el azúcar glas, la ralladura de limón y la canela.

5.- Volvemos a sacar la masa del frigorífico, retiramos el film, y disponemos los arándanos sobre la misma dejando un margen de unos 10 cm. hasta llegar a los bordes. Plegamos con mucho cuidado y con ayuda del papel, los bordes sobre el relleno.

6.- Horneamos el pastel en el horno durante 35 minutos, hasta que la masa este dorada y las frutas burbujeen.

7.- Una vez frío, espolvoreamos los bordes del pastel con azúcar glas.


En casa dos caballeros de 14 y 15 años se han comido el pastel en un abrir y cerrar de ojos, y desde luego el sentido prohibido que yo le daba les ha sido completamente indiferente. Creo que a Jane Austen le hubiera encantado.

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24 Horas en Nueva York

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Estoy de guardia. En casa. Es por la mañana y pienso dedicarme todo el día a “bloggear”

¡Riiiiiiiiiing!
¿Digame?
Te vas a México. En 2 horas.

Llego al aeropuerto, dejo mis maletas…

¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!

Olvida México. En una hora a Nueva York.

Y se iluminan mis ojos.


15.30 (hora de Nueva York, seis menos que en España): Aterrizamos en JFK después de 7 horas y 15 minutos de vuelo.

16.15: Obviando mi segundo nombre, consideran que puedo ser una tal María Martín a la que buscan, me quitan el pasaporte y me meten en la “pecera”. No sé cuanto tiempo estaré aquí. Saco mi libro y me pongo a leer: “La fuerza del optimismo” de Rojas Marcos. Falta sí me va a hacer.

17.45: Ya no soy peligrosa. Puedo entrar en el país.

18.45: El tráfico de Nueva York, tan “fluido” como siempre hace el trayecto un poquitín largo, pero al fin estoy en el hotel.

18.46: No estoy en el hotel. Me explico: cómo no contaban con que fuera yo la que viniera no tengo habitación.

19.15: ¡Ya tengo una habitación! ¡Ya tengo una cama!

19.40: Me cruzo al deli de enfrente y me compro unas viandas requetecalentadas para cenar. ¿Qué importa? Esto es Times Square.

20.45: Caigo rendida en la cama y me duermo como un ceporrillo.

02.30: Noche cerrada. Abro los ojos. ¿Esto es todo? Vuelvo a cerrarlos bien, bien fuerte. Con este método es más que posible que vuelva a quedarme dormida.

03.30: ¡Narices con el método! Mejor me pongo a leer. De nuevo aquello del optimismo.

07.20: Se me acaba el libro y mi estómago se queja. Es urgente que baje a desayunar.

08.00: En la entrada del desayuno una amable señorita me pregunta amablemente si soy “Miss Cuesta” al ver mi número de habitación. Opto por lo más simple y miento amablemente como una cosaca: “YES, I AM Miss Cuesta”.

08.45: Me lanzo a la calle. Quiero ir a un supermercado de productos biológicos que se llama “Whole Foods Market”. La variedad y calidad de los productos es una maravilla, y del que, por cierto, no me llevo ningún tipo de comisión. Lo prometo.

09.30: Después de atravesar una marea de gente por la 7ª Avenida (¿Por qué todas estas personas se empeñan en ir en sentido contrario al mío?) llego al super. Me deleito delante de las estanterías como en el mejor museo neoyorquino. Salgo con la cesta llena y la tarjeta de crédito temblando.

13.05: La mañana se pasa en un abrir y cerrar de ojos paseando por Manhattan. Con este sol de primavera recorrer esta ciudad es todo un placer. De nuevo en la habitación doy buena cuenta de la ensalada que compré en el super: lechuga, fresas, almendras y queso de cabra ¡Una delicia! Hasta las tres tengo tiempo para descansar y meter arroz salvaje, piñones, cuscus israelí, guisantes secos, infusiones de jengibre y otras cosillas en la maleta.

15.30: No vuelvo a comprar tanto. Prácticamente me he tenido que sentar sobre la dichosa maleta para poder cerrarla.

16.30: El autobús nos espera. Volvemos al aeropuerto. Y prefiero no contarle a nadie que he pasado la mañana admirando coliflores y arroces de un supermercado de Nueva York.

Receta “tuneada” impunemente de 101 Cookbooks y realizada con el contenido de la maleta.

ENSALADA DE ARROZ SALVAJE Y ESPÁRRAGOS

Ingredientes:

1 taza de una mezcla de arroz integral y arroz salvaje
1 manojo grande de espárragos verdes
1/2 de taza de granos de maíz
1/2 de taza de guisantes secos
1 huevo

Para el aliño:

3 cucharadas de aceite de oliva virgen
1 cucharada de zumo de limón
1/2 diente de ajo picado
1/4 de taza de almendras en polvo
sal
pimienta
unas ramitas de cebollino fresco

1.- Cocemos el arroz, a ser posible en caldo vegetal. Para este tipo de arroz es mejor echar un poco más de líquido y dejarlo cocer hasta 40 minutos a fuego muy suave y tapado.

2.- Cocemos los espárragos al vapor hasta que queden al dente. Los cortamos en trozos pequeños, descartando las partes más duras. Cocemos los guisantes hasta que queden tiernos. Cocemos los huevos y los cortamos en cuartos.

3.- Preparamos el aliño: Batimos el aceite junto con el zumo de limón. Le damos un buen golpe al ajo con un cuchillo y después lo picamos muy menudo. Añadimos al aliño, así como las almendras en polvo. Sazonamos con sal y pimienta al gusto.

4.- En una ensaladera ponemos todos los ingredientes sólidos ya fríos reservando el huevo para decorar. Añadimos el aliño, mezclamos un poquito y decoramos con los huevos y el cebollino picado.


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“La vacuna más eficaz es la fuerza del optimismo” Luis Rojas Marcos.

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Fotografiando espárragos

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Soy todo lo contrario a una experta. Para ser fiel a la verdad: no tengo mucha idea de fotografía, y mucho menos de fotografía digital. Todavía con las cámaras antiguas me desenvolvía mejor, pero esto del progreso no lo llevo muy al día. (¡Señor, como pasan los años, me parece mentira que este diciendo de verdad lo que acabo de decir!)
Supongo que como muchas y muchos de vosotros, cuando visito otros blogs amigos, me quedo con la boca abierta y la mandíbula desencajada viendo fotos maravillosas. Y pienso que me gustaría aprender a hacerlo así de bien. ¡Manos a la obra y a la ardua tarea de investigación navegando por las turbias aguas de internet!
Me gustaría compartir con vosotros lo que he encontrado. Espero que pueda serviros de provecho o de inspiración.
Navega que te navegarás llego a buen puerto en este blog. Y por suerte hay un post dedicado a la fotografía gastronómica. Literalmente (y gracias a mis ultimas habilidades informáticas) copio:
• Lo más importante es la iluminación. Hay que ver, analizar el entorno y buscar la fuente de luz más idónea. La luz natural es magnífica, siempre y cuando sea suficiente, pero no está de más apoyarla con luz auxiliar. Con reflectores (una simple cartulina blanca) o algún flash indirecto.
• Por cierto, evita el uso del flash directo, produce unos brillos excesivos con resultados poco agradables.
• Hay que lograr potenciar al máximo las texturas, por lo que es importante que la luz no sea excesiva. Mejor algo más baja de lo que pensamos, una vez hagamos las primeras mediciones con la cámara.
• Para ingredientes translúcidos, como hojas de verduras, es muy interesante una suave fuente de luz desde atrás.
• Siempre utiliza trípode, así evitamos movimientos indeseados en las tomas. Y además, intenta mantener la cámara entre unos 10 y 45 grados por encima del plato o del motivo, con ello lograremos profundidad.
• En cuanto a los objetivos puedes probar dos opciones diferentes. Un teleobjetivo con una abertura de diafragma mínima para lograr que quede enfocado todo el motivo, incluso el fondo (ver siguiente punto). O bien un angular con una abertura grande y controlando bien la profundidad de campo. Ambas posibilidades pueden funcionar bien, dependiendo de la situación. Aunque el angular puede provocar que las dimensiones de los elementos queden algo distorsionados y hay que tenerlo en cuenta en el resultado final. Prueba varias opciones.
• Cuida el fondo. Es muy importante. Si fotografías un plato con una jugosa carne guisada por tu madre, puedes optar por colocar detrás algún cesto con panes. Preparar un bodegón sencillo de fondo es idóneo, sin que reste interés al motivo principal (se pueden utilizar copas, botellas de cristal, por ejemplo). La composición es muy importante, por lo que además intenta utilizar encuadres cerrados, eliminando todo lo prescindible y las posibles distracciones. Mide bien con el Balance de Blancos, es importante para lograr una temperatura de color adecuada al motivo y resaltar bien los colores. Y mejor usa una velocidad ISO baja.
• Para resaltar algunos alimentos podemos utilizar algunos trucos profesionales: pulveriza con aceite una ensalada y lograrás unas fantásticas gotas o con glicerina sobre la fruta y darás un aspecto de frescura idóneo.
• No olvidemos el imprescindible procesado. Podemos mejorar la saturación de colores, el equilibrio de sombras y luces, eliminar algún brillo indeseado…

Más consejos del estupendo blog La Tartine Gourmande . Si teneis un ratito id a visitarlo, las fotos son muy, muy bonitas. Lo que sigue es una traducción libre mía:
Pregúntate siempre a ti mismo lo que te sugiere la comida que vas a fotografiar. ¿Es algo rústico, elegante, podemos comerlo con la mano, necesitamos un plato…?
Busca colores que realcen la comida. Tal vez el fondo puede ser del mismo color que la comida o contrastar con ella.
Usa formas repetitivas, geometría interesante y simetría para dar mayor interés a las fotos.

Presta atención al equilibrio espacial ente comida y proporciones de la foto.

Utiliza fondos con diferentes texturas que den más vida, y utiliza ángulos diferentes para probar cual queda mejor. Puedes probar a disparar desde arriba, de frente, desde un lado.
Haz siempre un encuadre más grande de lo que será el resultado final. Recuerda que puedes recortar las fotos antes de ponerlas en el post según tu gusto.
Juega con la comida y muestra la belleza de los ingredientes sin procesar. Observa las formas naturales de la comida.
Tampoco necesitas mostrar la totalidad del plato preparado. A veces , una parte puede ser más sugerente que el todo.

Juega con las sombras, la luz y el color.

No utilices el flash de la cámara. Es mejor utilizar un trípode. la comida no se va a mover y tu trípode tampoco.
La luz natural da mejores resultados. Prueba a colocar la comida al lado de una ventana, y cubre ésta con un visillo para tamizar la luz.

No te atengas a las reglas, prueba lo que se te ocurra. Pon en marcha tu creatividad.

Y después de andar un buen rato dando vueltas a los espárragos, algo tenía que hacer con ellos:

QUICHE DE ESPÁRRAGOS Y QUESO DE CABRA



Ingredientes:


250 gr. de masa quebrada

2 manojos de espárragos verdes

2 huevos grandes

150 ml. de nata líquida

queso de cabra (opcional)

sal

pimienta

nuez moscada


1.- Lavamos los espárragos y los cortamos en trozos de unos 6 cm. de largo. Los cocemos al vapor hasta que queden “al dente”.

2.- Estiramos la masa quebrada con el rodillo y la acomodamos en el molde con cuidado. Recortamos los bordes que sobresalgan, pinchamos el fondo con un tenedor y lo llenamos de legumbres secas para que la masa no se levante.

3.- Metemos en el horno precalentado a 180 grados durante 10 minutos para que la masa se “seque”.

4.- Mientras tanto batimos los huevos hasta que queden espumosos y les añadimos la nata líquida ( en realidad podemos utilizar cualquier tipo de leche. He probado con leche evaporada que tiene menos grasa, con leche de vaca u otras leches vegetales y sale igual de bien). Sazonamos con sal, pimienta y nuez moscada al gusto.

5.- Sacamos la base del horno y colocamos los espárragos dentro. Vertemos por encima la mezcla anterior, y si nos gusta unos pellizcos de queso de cabra.

6.- Volvemos a meter en el horno a la misma temperatura durante unos 25 o 30 minutos, o bien hasta que veamos el relleno cuajado y dorado.


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Voy a seguir dándole a la cámara. Hasta que alguien me mande a freir espárragos.



Las rosquillas de Mercedes

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Mercedes es mi madre. Y gracias a ella, no solamente estoy aquí ahora mismo, sino que disfruto de dos de las grandes pasiones que se pueden tener. A saber: cocinar y leer.

Desde pequeña la vi leer y disfrutar de la pintura, de los libros y de los libros de pintura. Crecí leyendo la vida de pintores que en aquel momento no tenía ni idea de quien eran, pero recuerdo caballos azules que se salían del lienzo y llenaban la habitación de colores. Me di cuenta de que el mejor amigo del hombre es un libro (y conste que adoro a los perros).

Y desde pequeña también iba como alma en pena detrás de ella rogándola que hiciéramos rosquillas (santa paciencia). No sé de donde la sacaría (la paciencia tampoco), pero tenía escrito en un papel cuadriculado una receta de rosquillas que ahora enmarcada está colgada en una de las paredes de mi cocina. No es que a ella le gustase mucho cocinar, pero si no hubiese sido por aquellas rosquillas que hacía con mi madre, posiblemente este blog estaría dedicado al encaje de bolillos o sabe Dios a qué.

Ayer fue el día de la madre, ¡Felicidades mama! y felicidades también a todas las madres, y a los y las que no lo sean, seguro que madre sí tienen. Se me ha ocurrido dedicarle esta entrada, por todo lo que siempre me ha dado, no solo por los libros y las rosquillas.

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ROSQUILLAS DE MERCEDES


Ingredientes:


2 huevos


1/2 taza de azúcar


1/2 taza de aceite de oliva virgen extra


1/2 taza de agua


ralladura de la piel de dos limones si son pequeños o de uno grande


500 gr. de harina


1 sobre de levadura

1.- Se baten los huevos con el azúcar y la ralladura de limón hasta que estén espumosos.


2.- Se añade el aceite y el agua y se sigue batiendo.


3.- Mezclamos la harina con la levadura y tamizándola la echamos sobre la mezcla anterior.


4.- Trabajamos la masa con las manos hasta que quede suave y lisa.


5- Vamos tomando bolitas de masa y sobre la mesa les vamos dando forma de churro cuyos extremos uniremos para formar la rosquilla. Con un cuchillo damos un par de cortes en cada rosquilla para que se frían bien.


6- En una sartén grande calentamos aceite de oliva y una vez caliente vamos friendo las rosquillas. Las sacamos y las dejamos escurrir sobre papel absorbente.


7.- Una vez frías espolvoreamos con azúcar glas.


A veces preparo un almíbar con agua de azahar y miel y baño las rosquillas en él. Están deliciosas también. Como siempre, se admiten toda serie de mejoras y variantes.

Le he prometido a Guillermo que iba a sacar en el blog el regalo que él me ha hecho.

En realidad he tenido dos. Uno de ellos un MacBook que va como un rayo, pero no es nada al lado de este preciosisisisisisimo jarrón con flores de mi Guillermete. Es alegre y lleno de color, como él.

¡Hasta pronto y por favor, no dejéis de cocinar!

P.D. Gracias, muchísimas gracias a toda la comunidad maquera por venir a visitarme. Dentro de poco le veo a phroc con un tatuaje en el brazo en el que en vez de mi nombre ponga PuroMac.

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